«…Sería útil recordar que la semiología postula una relación entre dos términos: un significante y un significado. Esta relación se apoya en objetos de orden diferente; por eso decimos que no se trata de una igualdad, sino de una equivalencia. Mientras que el lenguaje común me dice simplemente que el significante expresa el significado, en cualquier sistema semiológico no nos encontramos con dos, sino con tres términos diferentes. Lo que se capta no es un término por separado, uno y luego el otro, sino la correlación que los une: tenemos entonces el significante, el significado y el signo, que constituye el total asociativo de los dos primeros términos?»
Roland Barthes, Mitologías, (México, Siglo XXI 1994: 120)
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Cada vez que llega el último mes del año se exacerba el discurso consumista a niveles patológicos de la humanidad entera, Guatemala sin excepción. Ya Barthes nos lo recordaba, en aquel bellísimo libro fundacional de la semiología: Mitologías, con el que inicio esta columna decembrina. Alguien, no se quien, lo llamó «desburrador de cráneos», porque sus artículos nos hacían un poco menos burros a todos, porque (creo yo) entre tanta publicidad barata y de mal gusto, entre la saturación y contaminación visual y auditiva de los fines de año, nos volvemos un poco más burros… y los que tienen capacidad económica se lanzan a los «shopping center» a comprar, adquirir, consumir como locos? movidos por el abrumador ambiente navideño, en el marco de un discurso consumista que es ya parte de una tradición en todo el occidente.
Pero muchos otros que no tienen, esos muchos, que son millones ahora en Guatemala, utilizan «la mágica» y se endeudan hasta el «copete»? teniendo que pagar el resto del año altísimas cuotas mensuales, de esta fiesta que tarda unos días apenas y la cuesta del próximo año ya no sólo es enero? sino todo el 2010 y hasta más: 24 o 36 meses. Es un mito eso de comprar al crédito para diciembre.
Y es que Barthes nos recuerda, que los seres humanos se comunican no solamente a través de los signos lingí¼ísticos (el lenguaje) sino también de otros elementos culturales como la ropa que usamos y donde la compramos; los peinados de moda o los aparatos eléctricos de moda que adquirimos, porque no consumimos simplemente un artículo de éstos para que nos sirva? sino para que nos proporcione «status». Y esta práctica pasa por «las marcas», que constituyen lo que Barthes llamaba los mitos modernos? esos que están anunciados en las grandes vallas publicitarias de diciembre 2009.
Barthes, ese intelectual descifrador de mitos, como un avezado lector de la cultura del consumo, lo recordamos hoy? cuando vamos por las grandes avenidas de Guatemala city y vemos esas marcas diciendo: consúmeme, consúmeme, consúmeme. Y ese discurso social de diciembre, que nos embrutece el alma, estructura una relación dialéctica entre la producción, la publicidad navideña y el hábito de compra. Y según las teorías del gran Van Dijk contribuyen a sustentar este statuos quo y el sentido que le damos, como sociedad, a nuestro fin de año.
Nuestras tradiciones y costumbres han quedado casi borradas por un discurso eminentemente consumista, que los medios de comunicación aprovechan en este temporada, para que nos lancemos como caballos desbocados hacia los «shoping center»? lugar idílico de los consumidores, donde la ciudad se desdibuja y aparece el paraíso de la compra, donde el significante ocupa un lugar distinto al verdadero significado de la venida del Dios Niño.