Barriletes de merecida fama


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Constituyen una maravilla de colores brillantes, obra popular de arte impresionante, simbolismo atávico, auténtica tradición esplendente que cubren el cielo como fondo especial con una especie de mágica fácilmente perceptible. Representan por igual una fiesta que plena de felicidad disfruta el colectivo, rebosante de ánimo contagiante y digno de encomio artesanal.

Juan de Dios Rojas


Habilidad de ensueño y esmero fecundo, conlleva a plenitud el mensaje a familiares de quienes “elevaron anclas para ya no volver” y esta actividad especial factibiliza la creencia firme, llena de fe superlativa adueñada del firmamento coadyuvante de dirigir y retornar, según la creencia acendrada del disfrute mismo, en cierto modo de esa naturaleza de comunión.

Los barriletes, paro fortuna del turismo multiplicado son el punto de mira, es obvio, sin embargo los elaborados y volados en medio de una especie de misticismo y ritual fuera de serie en Sumpango, Sacatepéquez, semejan el conocido símil en donde no hay donde tirar una aguja. Se conjuntan por igual, indígenas, miles de visitantes foráneos como nacionales en dicha comunidad.

Queda perplejo y soñador todo testigo de la famosa y muy merecida actividad hasta que se pierde a la vista deseosa de que no hubiese final, pero es el desenlace y epílogo de una estampa famosa que trasciende las fronteras guatemalenses. Connacionales suspiran de nostalgia frente al suceso extraordinario que los vuelve al querido rincón, mediante la tecnología moderna.

Digo y repito que la referida tradición alcanza mayor y mejor presentación año tras año, razón de peso entonces que existen ciertas «cofradías» o entidades con un mismo fin, decididas por lo visto a magnificar el lugar de sus ancestros que en el color, aire y mensajería resumen a la vista y sensibilidad algo paradisíaco, entre diversas exponentes de lo nuestro valioso.
También restantes lugares del país, una caja de sorpresas inconfundibles tienen en su haber volar con entusiasmo y buenaventura el producto de su imaginación febril, representada en los barriletes, sino la rivalidad negativa, en abierta y leal competencia el día específico de finados, aunque a veces llevan a feliz término inclusive el Día de Finados sin falta.

Que la evolución y cambios existentes no den cuanta alguna de dichas tradiciones que datan de tiempos inmemoriales, de conformidad con la historia y sobre todo de la tradición oral, cultivada por el colectivo a lo largo y ancho del territorio nuestro, afectado por fenómenos naturales, en razón de su notoria vulnerabilidad de dimensiones fácilmente visualizadas.

La excitativa siempre latente se encamina a la persistencia de los barriletes,  infaltables en los inicios de noviembre, a modo de antesala de fin de año, cuando otras tradiciones y festejos fomentan intensamente la publicidad, taco a taco. El poder de esta ciencia hace suya el consumismo envolvente sea como sea, no deja de prescindir de comprar, un verbo común.