Desde su llegada al poder el 20 de enero, Obama se ha desmarcado de las políticas de su antecesor, George W. Bush, cuyos ocho años de gobierno se caracterizaron por la escasa atención prestada a América Latina.
Obama llegará a la cumbre, su debut ante sus colegas de la región, sin ideas preconcebidas ni pretender «imponer» políticas y con «espíritu de igualdad» para oír las preocupaciones de los mandatarios del continente, según el consejero de la Casa Blanca para ese foro, Jeffrey Davidow.
Durante la V Cumbre de las Américas, del viernes al domingo en Puerto España, Obama intentará revertir «la percepción que viene del sur de que en años recientes Estados Unidos ha volteado su atención hacia otro lado», subrayó Davidow el lunes.
Obama buscará en Trinidad mostrar el compromiso de su país de avanzar junto a los países de la Organización de Estados Americanos (OEA) en temas como seguridad, gobernabilidad, energía, medio ambiente y reducción de la pobreza.
Asimismo, reiterará a sus colegas que su país está tomando pasos firmes para revertir la crisis económica, que ha golpeado a la región, sobre todo a los países más dependientes de Estados Unidos, como México, los centroamericanos y caribeños, estimó Peter Deshazo, director para las Américas del Center for Strategic and International Studies en Washington.
Pero Obama no se salvará de una discusión sobre Cuba, sobre la que pesa un embargo comercial estadounidense de casi medio siglo.
Varios países de la región han mostrado su deseo de que el tema del embargo contra la isla comunista y su regreso a la OEA sea discutido en la cumbre.
La declaración final no menciona a Cuba y no se espera ningún añadido al respecto, según adelantó el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, pero el tema «surgirá de algún modo» en las discusiones de la cumbre, admitió Davidow.
No obstante, «sería desafortunado perder la oportunidad en este hemisferio (región) de acordar líneas de trabajo por la distracción de Cuba», advirtió el funcionario estadounidense.
Obama, quien ha ofrecido diálogo al régimen castrista si da señales de avanzar hacia la democratización, levantó el lunes todas las restricciones vigentes desde hace tres décadas, a viajes y envío de remesas de cubanoestadounidenses hacia Cuba.
«Puerto España se convierte así en una buena oportunidad para abrir una nueva etapa en las relaciones interamericanas», dijo recientemente Insulza, al recordar que esta es la primera cumbre de este estilo «en que los 34 líderes participantes han sido elegidos democráticamente».
Obama, que goza de gran popularidad en muchas partes del continente, llega a la cumbre tras una agitada labor diplomática.
El mandatario se comunicó telefónicamente con varios mandatarios de la región, recibió en la Casa Blanca al brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y su vicepresidente Joseph Biden se reunió en Chile con varios jefes de Estado sudamericanos y en Costa Rica con centroamericanos.
Esta semana, la secretaria de Estado Hillary Clinton visitará República Dominicana y Haití antes de ir a Puerto España.
Previo a la cumbre, Obama hará una escala en México, para conversar con el presidente Felipe Calderón y otros funcionarios, una visita que estará marcada por la creciente preocupación por el incremento de la violencia de los carteles mexicanos de la droga en la zona fronteriza.
Antes de una visita de Clinton a México a fines de marzo, cuando la funcionaria reconoció que el problema de la droga era compartido y ofreció mayor ayuda al vecino del sur, el gobierno de Obama anunció un plan para movilizar otros 360 agentes federales a la frontera, para concentrarse en el tráfico de drogas y de armas.
Parece complicado que la visita de mañana del presidente estadounidense, Barack Obama, desplace en la memoria de muchos mexicanos a la de John Fitzgerald Kennedy en 1960, cuando un millón de capitalinos salieron a las calles a recibirlo.
El mandatario asesinado pasó tres días en Ciudad de México junto a su cautivadora esposa, Jacqueline, y pronunció unas palabras que hoy en día Obama no puede repetir: «he cruzado la tranquila frontera que separa a nuestras dos naciones».
El carisma de Kennedy, una figura que se ha utilizado a menudo para medir la popularidad de Obama, logró que su viaje oficial a México fuera el más recordado de los 29 que han realizado en total los jefes de la Casa Blanca.
Desde Franklin Delano Roosevelt (1933-45), todos los presidentes estadounidenses han visitado durante su mandato al vecino del sur, con la única excepción de James Carter (1977-81).
El pionero fue William Taft, a quien recibió Porfirio Díaz en la fronteriza Ciudad Juárez en 1909, 61 años después del final de la guerra entre ambos países.
Habitualmente los encuentros se han desarrollado en distintos lugares del norte de México y sólo en cinco ocasiones han tenido como escenario la capital.
Harry Truman fue el primero en presentarse en Ciudad de México en 1947 en busca del apoyo de Miguel Alemán para la Guerra Fría.
En 1997, cuando ambos países ya eran socios de un tratado de libre comercio, un Bill Clinton en muletas y acompañado de su esposa, Hillary, fue el último mandatario que se hospedó hasta ahora en la capital.
Ya entonces el narcotráfico sobresalía en la agenda bilateral y Clinton y Ernesto Zedillo firmaron unos acuerdos de cooperación en la materia.
Barack Obama se convertirá el jueves en el decimotercer presidente estadounidense que cruza el Río Grande para entrevistarse con su homólogo mexicano.
Retomará así un listón de visitas que dejó muy alto George W. Bush, ex gobernador del estado fronterizo de Texas, quien ostenta el récord de viajes de trabajo a México, con seis visitas durante sus ocho años de gobierno.