La posibilidad de que Barack Obama sea el primer presidente negro de Estados Unidos, siendo que hace 40 años sufría el racismo y la segregación, muestra lo que avanzaron los estadounidenses en el camino hacia la equidad racial, y también sus límites.
Con su victoria en las internas de Iowa (centro) y su buen desempeño en las de New Hampshire, el senador demócrata disminuyó los argumentos de los que piensan que su color es una desventaja ilevantable ante el electorado estadounidense.
Con cara juvenil y sonriente en la tapa de Newsweek, Obama, según el editorial, «abre un nuevo capítulo en la historia de un país en el que el problema racial fue pudorosamente llamado «el dilema estadounidense»».
«Barack Obama presenta una visión tentadora de Estados Unidos, tratando de terminar con la brecha entre razas, clases, y de unir coaliciones de gente capaces de hacer mover las cosas», analizó Ron Walters, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Maryland.
Obama, nacido en Hawai de padre negro de Kenia y madre blanca de Kansas, vivió una parte de su infancia en Indonesia, y se presenta como «el candidato de todos».
Más allá del color de la piel, «somos una nación, somos un pueblo, y el momento de cambio llegó», dice en sus discursos.
Obama no es el primer político negro que se lanza a competir por la presidencia. Pero pertenece a una nueva generación que no sale de la lucha por los derechos cívicos y que se benefició de sus frutos.
Diplomado en las universidades de Columbia y Harvard (donde fue el primer negro en dirigir la prestigiosa Harvard Law Review), es el único miembro negro en el Senado.
Algunos lo describen como un «Tiger Woods» de la política, y sueñan con una «era post-racial» en Estados Unidos.
Eso es «absurdo», retruca Ron Walters, recordando los problemas raciales que siguen dividiendo al país.
«Piense en los últimos años: (lo que sucedió con el huracán) Katrina, Jena (una ciudad de Louisiana en la que seis jóvenes negros fueron inculpados de tentaviva de asesinato tras la agresión de un blanco) y las recientes manifestaciones contra el racismo ante el Departamento de Justicia».
Las últimas escaramuzas de la campaña electoral muestran que el tema racial sigue siendo terreno minado.
La pre-candidata demócrata y ex primera dama Hillary Clinton ofendió a parte de la comunidad negra al decir que «el sueño del doctor (Martin Luther) King comenzó a realizarse cuando el presidente Lyndon Johnson dictó la ley sobre derechos cívicos en 1964», y que se había necesitado «un presidente para hacerlo».
«La señora Clinton logró insultar a un líder negro respetado por su comunidad en su intento desesperado por insultar a un líder negro que gana terreno», dijo una indignada editorialista negra en el Washington Post.
Por su parte, la revista virtual Politico aseguró que «la carta racial está sobre la mesa en estas elecciones y se va a quedar allí, en particular en los estados del sur».
Luego del caucus en Nevada de mañana, los candidatos demócratas competirán el 26 de enero en Carolina del Sur (este), donde 50% de los electores son negros y donde desde 1986 el aniversario de Martin Luther King es feriado y se festeja el tercer lunes de enero.