Las generalizaciones son falsas, pero debemos reconocer que tal y como se han venido dando los últimos acontecimientos en el sistema bancario, la asociación o analogía entre banqueros y ladrones ha tomado nuevamente fuerza y actualidad. El lucrar a costa del dinero ajeno, históricamente ha sido mal visto por los excesos de la usura y los abusos de los profesionales de la banca. La estigmatización de las profesiones en general también es histórica y adquiere, de vez en cuando, nuevas connotaciones o actualizaciones cuando las coyunturas así lo determinan. El tiempo y las nuevas circunstancias son los encargados de borrar, total o parcialmente, los estigmas o las asociaciones molestas entre una y otra cosa.
Pero las analogías tienen su razón de ser, y muchas veces se fundan en la realidad misma o en la inducción del criterio, debido a disociadores o manipuladores que, aprovechando ciertos elementos contingentes de la realidad, como se acostumbra decir, tratan de consolidar privilegios propios, «jalando agua para su molino». No nos debe extrañar que, de la quiebra de los dos bancos que hoy son ejemplo negativo para el empresariado criollo, y como ya está sucediendo, sus colegas banqueros (competidores libres) aprovechen la oportunidad para hacer no «leña del árbol caído», si no «piñata» de los despojos que han quedado. Más, el estigma de ladrones quedará por largo tiempo por muchas razones, pero especialmente por el daño que han causado a miles de compatriotas que ciegamente han confiado en dichas instituciones. Y no importa qué banco sea, porque al aparecer las analogías, al mismo tiempo aparecen las generalizaciones que, como ya he dicho, siempre son falsas. Los banqueros deberán demostrar, de hoy en adelante, que su labor y sus empresas se basan en principios sólidos, éticos y cívicos y que, en última instancia, es el servicio al cliente lo que debe guiar sus procesos de mercado y lucro y no solamente el interés mercantilista, egoísta e irresponsable. La ciudadanía deberá velar y estar atenta ante cualquier otra anomalía que se avizore en el horizonte bancario ya que los burócratas que tienen que cumplir con tal función, al parecer, no han estado a la altura de lo que institucionalmente les compete o se les exige como funcionarios estatales defensores de los intereses de la mayoría, es decir, del pueblo.
Y disculpen señores banqueros la asociación grotesca y molesta, pero la misma sí ha surgido legítimamente de una realidad nacional innegable. De su gremio han salido personajes nefastos que han traicionado la confianza de la sociedad y ustedes mismos están obligados a salvaguardar el prestigio tal y como se lo exigen a sus clientes cuando les investigan la solvencia de sus apellidos para otorgarles crédito. No se aprovechen de las remesas de nuestros compatriotas, atiendan bien a todos por igual sin privilegios de ninguna clase y entonces, y sólo entonces, talvez empezarán a borrar la analogía que hoy da título a esta columna: ¿banqueros o ladrones?
La ética y la formación cívica deben ser la guía y no solamente el lucro, la usura y los privilegios.