La muerte y su tétrica guadaña, apoderada está en los centros carcelarios del país. Resultas ignominiosas de una ensombrecida cultura en búsqueda fatal de protagonismo desbordante y su secuela fatal. Inductores, a título de cerebros desquiciados y ejecutores sin alma, causan este baño sangriento en extremo.
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Mueve a sentimientos encontrados en general, y de pánico exacerbado en particular dichas manifestaciones, cuyas páginas feroces extienden de por sí, reacciones dondequiera. El sistema conformado por reclusorios, centros preventivos y cárceles de alto impacto llevan sacudidas críticas. Ya no hay excluyentes por lo visto.
Aunque las comparaciones, según criterios manejados ocasionalmente, no son recomendables, tampoco convenientes, es propicio salir del contexto. Los hechos sangrientos de índole diversa sucedidos en el sistema penitenciario, se igualan a decir verdad con escenas peliculescas, deformadoras y violentas en niveles desaforados.
Interrogantes en sucesión interminable, «craneadas» por la fantasía y la indetenible precariedad e indefensión del hijo del pueblo, acosado aquí y allá, difícilmente encuentran respuestas a esta debacle. Distamos de considerar por nada del mundo que si las hay, estas logran escabullirse como por arte de magia y ponen pies en polvorosa.
En los anales históricos que registran paso a paso el acontecer en los centros carcelarios del país, hoy en día sumidos en un completo desorden y falta de disciplina total, años ha era raro ocurriesen acciones de ese tinte dentro de los penales. Pero las cosas y el tiempo cambian de un todo, motivo para que ahora sean frecuentes.
Mueve precisamente a la preocupación de rigor tal característica consistente digamos en una asiduidad y reiteración manifiesta innegable. Todo también tiene sus orígenes causales, entre ellos la excesiva población reclusa que sobrepasa cualquier cálculo en volandas. Luego entonces existe promiscuidad si tomamos en cuenta esos datos.
Si por otro lado, no al margen del centro mismo, en actitud de zafar bulto tocamos el tema, auténtico nudo gordiano, como lo es el estado y situación mejor dicho de violencia prevaleciente entre los habitantes, hallamos alguna respuesta. Violencia, delincuencia y criminalidad que a diario cobra víctimas es el ingrediente.
Con un coloso que se torna energúmeno el rato menos pensado, marcha el pulso de la vida en nuestro ambiente, similar a una olla de presión a punto de estallar. Tal comportamiento individual ensanchado por los cuatro costados el asunto, objeto de suma preocupación y alarma encendida a todo volumen.
Hechos sangrientos escalofriantes y responsables de mantener a la población civil en ascuas, sin quien la defienda como es debido, dado que la Constitución señala que es deber del Estado garantizar la seguridad de los habitantes, sin excepción alguna. Estos suceden como si fuese lo más natural del mundo en las cárceles.
Las fuerzas de seguridad, encargadas del orden y disciplina del sistema penitenciario, actúan mediante constantes requisas y restantes medidas afines. Empero los reclusos por el contacto con otros de mayor peligrosidad toman para sí comportamientos que algunas veces son llamados renglones torcidos.
Rehabilitar a quienes se encuentran en prisión es una tarea o empresa de romanos, sin embargo, no imposible de conseguir con empeño, decisión y buena dosis de voluntad. Hace falta enorme la coordinación, planificación y ejecución correcta de un modelo acorde con la situación actual en el sistema penal.