Fue un «Aló presidente» a 12 mil kilómetros, en Doha, con un público entregado que proponía que las mejores avenidas de El Cairo o Beirut llevasen el nombre de Hugo Chávez, un público tan apasionado que podía poner en apuros al presidente venezolano, como cuando le preguntaba cómo derrocar a los gobiernos árabes.
Al Jazira Live (Mubasher), la cadena qatarí, acogió este miércoles a Chávez en sus estudios para que respondiese durante un par de horas a las preguntas, por teléfono, de espectadores de todo el mundo árabe. El presidente venezolano no les falló, desplegando toda la artillería antiisraelí y antiestadounidense.
«Genocida, asesino», fueron las primeras palabras que le dedicó al gobierno de Tel Aviv, habiendo antes precisado, como es costumbre, que el pueblo israelí le merece el mayor de los respetos y que «no es digno» de esos mandatarios.
Vestido con uniforme de campaña militar verde oliva, con una camiseta roja bajo la camisa abierta, Chávez acudió a la cita con mapas, las últimas reflexiones de Fidel Castro -que le transmitió la embajada cubana en Doha, según contó- y con una vieja edición de bolsillo del libro «La revolución árabe», de Guido Valabrega, comprobó la AFP, que estuvo en los estudios.
Las llamadas seleccionadas eran de intelectuales -al menos un par de directores de revistas, como La Revista Nasserista de El Cairo-, dirigentes políticos, como un portavoz de Hamas en Damasco, gente de la calle y hasta un ex preso sudanés de Guantánamo.
«Lo de Guantánamo es una de las expresiones más horribles del imperio. Por eso ayer, hablando en la plenaria de la cumbre» entre los países sudamericanos y árabes -el motivo que le trajo a Doha-, «dije: «Â¿por qué la Corte Penal Internacional (CPI) no va a buscar a George W. Bush», el anterior presidente estadounidense.
Chávez llamó «genocida» a Bush y le culpó de las guerras de Irak, Afganistán y hasta la de Kosovo (Bill Clinton era el presidente cuando la OTAN bombardeó Serbia en 1999).
Casi todos le dieron las gracias por el apoyo a los palestinos durante la campaña militar israelí en la franja de Gaza y por la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel.
«Lo que nosotros hemos hecho es tan pequeño», era «lo menos que podíamos hacer cuando vimos las imágenes» que llegaban de Gaza. «Nosotros somos sobrevivientes del genocidio de América del Sur», explicó, justificando su simpatía hacia los palestinos.
Quienes llamaban usaban gran parte de su tiempo loando al presidente, «ese tigre americano», «noble caballero, americano e indígena», que «viva América, que viva Bolivar, que viva Hugo Chávez», el «hombre que penetró en los corazones de todos los árabes».
Hubo espacio para la pedagogía, para dispensarla y para recibirla, como cuando le explicó a la presentadora que el capitalismo es como un vampiro: «Â¿tú has visto películas de vampiros? ¿No? ¿Aquí no dan películas de vampiros?». Y al revés, cuando Chávez se disculpó por haber estornudado: «no se preocupe, el estornudo es normal en el mundo árabe», le dijo el intérprete.
Otro momento para las explicaciones fue cuando le preguntaron cómo derrocar a esos gobiernos árabes miedosos que «no apoyan a movimientos honestos, como Hezbolá y Hamas».
«Yo sólo defiendo mis posiciones, no ando en campaña para tumbar a nadie», dejó claro Chávez frenando el entusiasmo de su interlocutor.