El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, emprendió hoy una complicada visita a Birmania para intentar convencer a la junta militar de que acepte una ayuda humanitaria masiva que permitiría aliviar la situación de los 2,4 millones de damnificados por el ciclón Nargis.
«Naciones Unidas y toda la comunidad internacional están a la espera de poder ayudarles a superar esta tragedia», declaró Ban Ki-moon a su llegada a Rangún, en la primera visita de un secretario general de la ONU a Birmania desde 1964.
«Es el motivo de mi presencia hoy aquí», agregó, insistiendo en su «solidaridad» tras la catástrofe, que dejó 133.600 muertos y desaparecidos, y en el «mensaje de esperanza» que quiere hacer llegar a la población del sur del país, devastado por el tifón.
«Al mismo tiempo, espero que su población y su gobierno puedan coordinar el flujo de ayuda para que esta asistencia pueda ser enviada de la forma más sistemática y organizada posible», agregó.
El diplomático surcoreano hizo estas declaraciones mientras se dirigía a la célebre pagoda Shwedagon de Rangún, el santuario budista más sagrado de Birmania.
A su llegada procedente de Bangkok, Ban Ki-moon se había reunido durante apenas 20 minutos con el primer ministro birmano Thein Sein y tenían previsto volver a verse para cenar.
Después partió en helicóptero hacia el delta del Irrawaddy (suroeste), la región devastada por el ciclón.
Ayer en Tailandia, Ban había afirmado que la prioridad es «salvar vidas» y que la ONU «sólo ha podido llegar a un 25% de las personas que lo necesitan».
Pero, pese a que la ONU afirma que la mayoría de supervivientes sigue sin haber recibido ayuda, la televisión, la radio estatal y el diario gubernamental New Light of Myanmar aseguraban hoy que ésta llega sin problemas.
«La ayuda entregada por los donantes locales y extranjeros es distribuida sistemáticamente y a tiempo a las víctimas en las zonas afectadas», afirmó el New Light of Myanmar, controlado por la junta.
Pero los periodistas y fotógrafos que lograron llegar al suroeste de Birmania constatan que muchas personas siguen desamparadas, sin alimentos, agua potable ni medicamentos.
Ante una de las peores catástofes de las últimas décadas y tras tres semanas de crisis a puerta cerrada, la junta birmana continúa jugando al gato y al ratón con la comunidad internacional.
Así, permitió que el primero de 10 helicópteros del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU llegase al país para transportar ayuda a los puntos más remotos. Sin embargo, cuatro navíos de la marina estadounidense cargados con ayuda de emergencia seguían esperando frente a las costas birmanas desde hacía casi 10 días ante la negativa de los militares a aceptar un cargamento que consideran acompañado de «condiciones».
Por su parte, la Liga Nacional por la Democracia (LND), el partido de la líder opositora birmana y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, llamó ayer a la ONU a desempeñar un papel más importante en la distribución de ayuda a las víctimas.
Aung Sang Suu Kyi, que se encuentra bajo arresto domiciliario desde 2003 y ha pasado la mayor parte de los últimos 18 años detenida, verá muy probablemente su arresto prolongado de nuevo este año, señalan los analistas.
En el plano político, la junta se preparaba para organizar el sábado en las zonas devastadas por el ciclón el referéndum constitucional que el resto del país ya celebró el 10 de mayo. La junta anunció, en esa primera votación, una victoria del sí de 92,4%.
El secretario general de Naciones Unidas debía reunirse mañana con el número uno de la junta, el generalísimo Than Shwe, en la nueva capital administrativa de Naypidaw, perdida en el centro de este paupérrimo y aislado país de 57 millones de habitantes.
Y el domingo participará en Rangún en una conferencia internacional de donantes, organizada por la ONU y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que, en principio, debe coordinar la ayuda internacional.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que cumple una visita a Birmania, estimó hoy que la junta militar ha mostrado cierta «flexibilidad» frente a los llamamientos internacionales para dejar entrar ayuda para los damnificados por el ciclón Nargis.
Los generales birmanos «mostraron recientemente ciertas señales de flexibilidad», declaró a los periodistas Ban Ki-moon.
El Secretario General de la ONU sobrevoló hoy en helicóptero la región del delta del Irrawaddy devastada por el ciclón, en el primer día de una visita excepcional y difícil destinada a convencer a la Junta a aceptar la ayuda internacional para los 2,4 millones de damnificados por el Nargis.
Al término de una expedición de unas tres horas, Ban Ki-moon regresó a Rangún, según un responsable de la ONU.
También visitó dos campos de damnificados en el suroeste de Birmania, la zona más afectada por la catástrofe del 2 y 3 de mayo que causó al menos 133 mil 600 víctimas, entre muertos y desaparecidos.