Bajo la sombra del desastre


El estado de Florida llega a las elecciones presidenciales del 4 de noviembre con un reformado sistema de votación que no logra borrar temores a que un resultado ajustado desate otra vez interminables disputas como en 2000, cuando George W. Bush se impuso sobre Al Gore luego que la Corte Suprema detuviera un recuento de votos.


Considerado un estado sin color polí­tico definido y que puede decidir los comicios por la cantidad de electores que otorga, Florida vuelve a centrar la mirada de organizaciones de control electoral y estrategas de ambos partidos que desconfí­an de las garantí­as que, según autoridades locales, ofrece el nuevo sistema.

Los confusos resultados en Florida terminaron dándole, en diciembre de 2000, la primera Presidencia a Bush por una diferencia de algo más de 500 votos sobre su rival demócrata Al Gore, luego de varios y controvertidos recuentos manuales de papeletas que nunca coincidí­an, y que la Corte Suprema detuvo.

Con sospechas reiteradas en cada votación en el «estado soleado», el gobernador republicano Charlie Crist llevó a cabo una reforma electoral que consiste ahora en el empleo de lectores ópticos que imprimen en papel las opciones ingresadas por los votantes en computadoras.

El nuevo sistema utiliza escáners ópticos que cuentan los votos emitidos en una papeleta de votación, que se guarda para verificar los sufragios en caso de dudas o problemas técnicos.

«Esperamos el dí­a de las elecciones con mucha confianza», dijo a la AFP Jennifer Krell Davis, portavoz del Departamento de Estado de Florida, a cargo del sistema electoral.

«Florida ha hecho un gran cambio en su sistema de votación y de procedimientos desde el año 2000. Se han uniformizado las reglas y las leyes, y hay un proceso mucho más organizado y estable», indicó.