Las agencias noticiosas internacionales (Associated Press) informaron la semana pasada sobre serios incidentes ocasionados por un simple accidente automovilístico menor en Ismayilli, una ciudad del centro de Azerbaiyán que provocaron “un enfrentamiento entre los residentes y las autoridades regionales, poniendo de manifiesto las tensiones subyacentes y la precaria democracia en esta antigua república soviética rica en petróleo”.
Azerbaiyán está lejos; es un país pequeño (aunque es el más grande de la abigarrada región del Cáucaso), de 87 mil kilómetros cuadrados (o sea un poco menos que Guatemala); que se encuentra en medio de Rusia al norte, Irán al sur, el Mar Caspio al este y prácticamente Turquía al oeste (Armenia de por medio). Tiene cerca de 10 millones de habitantes, la mayoría de confesión musulmana (95%) pero no es un país confesional ni integrista, por el contrario es muy secular y amplio en materia religiosa. De hecho fue, en 1918, la primera república secular islámica (aún antes que Turquía). Hasta 1991 formó parte de la Unión Soviética y desde entonces el sistema ha mostrado muy marcados contrastes, por un lado es muy abierto y proclive a la democracia pero por otro mantienen ciertos controles heredados del régimen de los soviets. Su economía se basaba en la agricultura (buenas tierras) y de productos del Mar Caspio. Sin embargo, los patrones económicos han cambiado a partir de los primeros años de este siglo.
Es que hace unos doce años se descubrió que grandes mantos de petróleo y gas natural yacían desde hace millones de años en su subsuelo. ¿Buena o mala noticia? A partir de entonces cambió el panorama de esa pequeña nación. Surgieron algunos millonarios de la noche a la mañana (muy al estilo de la madre Rusia) y el Estado tomó un mayor control (más bien los funcionarios del Estado). Hasta tienen una agencia espacial que acaba de enviar un satélite al espacio. Privatizaron muchas empresas públicas y empezó a correr mucho dinero entre funcionarios corruptos y sus allegados. Como indican los mismos cables: “Una ostentación de riqueza y comportamiento arrogante entre los pudientes es común en las antiguas repúblicas soviéticas ricas en recursos y provoca profundo resentimiento. Ese parece haber sido el desencadenante de los disturbios en Ismayilli”. La población incendió varios edificios y vehículos y apedrearon a la policía que tuvo que usar gases lacrimógenos y camiones lanzaagua para dispersar a la multitud que rodeó el edificio del gobierno regional. Los manifestantes declararon que querían repetir lo que ocurrió en otra ciudad el año pasado cuando un oficial fue obligado a renunciar después de violentos choques.
Lo más interesante es que: “Los disturbios del miércoles por la noche no parecen haber tenido motivos políticos, pero exponen profundas frustraciones debido a la enorme disparidad entre los pobres y los ricos.”
El organismo Transparencia Internacional, con sede en Berlín, coloca a Azerbaiyán en el puesto 139 sobre 176 naciones en su Índice de Percepción de Corrupción 2012. Los partidos de oposición y los periodistas independientes son rutinariamente hostigados por las autoridades.
En los últimos años, la capital Bakú se ha convertido en asentamiento para la elite de la nación, “pero los ingresos petroleros son distribuidos inequitativamente entre los 9 millones de habitantes (…) y el salario mensual promedio es de unos 450 dólares.” Como se indica, estas revueltas no son de tipo político (no tienen líderes), no son religiosas, ni ideológicas, ni nacionalistas. Es solamente la expresión espontánea del rebalse de un pueblo desesperado, frustrado, harto y amargado que apenas sobrevive en un Estado rico pero donde campea la corrupción y no impera el Derecho.
PD. Menos mal que Azerbaiyán está bien lejos…
PD. Azerbaiyán integra este año el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a la par de Guatemala.