Azarosos viajes de magistrados de la CSJ


 Según datos oficiales, el salario mí­nimo en Guatemala es de Q52 diarios, que equivale a Q1,560 al mes, lo que representa Q18,720 anuales.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

En el supuesto caso de que todos los patronos cumplan con pagar el salario mí­nimo, para que un campesino o un obrero pudiera contar con Q678,261, necesitarí­a trabajar 36 años, que es la suma que la magistrada Gladys Chacón Corado gastó en medicamentos, honorarios y viáticos, durante el año que fue presidente de la Corte de Constitucionalidad, con recursos del Estado, por supuesto, producto de las contribuciones de los guatemaltecos. Fuera de su sueldo.

Siempre tomando como ejemplo el caso del asalariado que devenga Q1,560 mensuales, para contar con Q921 mil, tendrí­a que laborar 49 años, cerca de medio siglo, que corresponde a gastos de boletos aéreos y viáticos que la Corte Suprema de Justicia erogó durante los recientes cuatro años en los 32 viajes del presidente en funciones Rubén Eliú Higueros, mientras que el ex magistrado Rodolfo de León Molina gastó Q894 mil en 33 visitas a diferentes naciones del planeta, según la acuciosidad de la periodista Olga López, de Prensa Libre.

Y así­ por el estilo, en orden descendente, hasta llegar con el magistrado Carlos Enrique de León Córdoba, cuyos gastos ascendieron a sólo Q40 mil en los dos viajes que hizo a Honduras y Chile, y eso que, supongo, ya conocí­a la cosmopolita ciudad de Tegucigalpa.

Pero no crea usted que se trata de viajes de placer, de vacaciones o de relax. Todo lo contrario. Los magistrados de la CSJ han viajado porque sus deberes oficiales han reclamado su presencia en Madrid, Ginebra, Viena, Londres, Santiago de Chile, Bogotá, Caracas, Rí­o de Janeiro, Lima y otras ciudades en donde han participado en seminarios, conferencias, simposios, mesas redondas y cuadradas, si las hubiere.

De acuerdo con los datos recabados por la reportera López, durante el perí­odo comprendido de 2004 al año que corre más de prisa que andando, los magistrados de la honorable han gastado la miserable cantidad de 7 millones cien mil quetzales, poniendo en serio riesgo sus vidas, porque no crea usted que no es peligroso viajar en avión, fuera de las contingencias que supone estar comiendo alimentos extraños y dormir en camas ajenas, con la posibilidad de contraer enfermedades estomacales o epidérmicas, sobre todo cuando estos ilustres jurisconsultos se han visto en la imperiosa necesidad de viajar a China, Filipinas y la India, cuyas costumbres son muy diferentes a las de Guatemala.

Pero los magistrados de la honorable no se amilanan ante los desafí­os que para su salud, su integridad fí­sica y su vida misma constituye cumplir con sus compromisos, por lejos que se encuentre la ciudad a la que viajen, pues deben representar dignamente a su paí­s de origen, por más que esto signifique, adicionalmente, tener que separarse de sus seres queridos, especialmente sus esposas e hijos, durante largos y tediosos dí­as.

Algún mal pensado dirá que lo extraño es que para decidir quién de los magistrados viaja a determinada actividad en el extranjero, suelen ponerse de acuerdo de inmediato, mientras que ya han pasado 7 meses y no hay forma que elijan al presidente del actual perí­odo. Pero esto es caer en la frivolidad.    

(Cuando el magistrado Romualdo Tishudo, de otro paí­s que no es Guatemala, retorna a su hogar después de un largo viaje a Tokio, la esposa le pregunta -¿Ya regresaste? El togado replica: -No; sólo me adelanté para ver si habí­a alguien en casa). Â