Ayudas no bienvenidas


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Ya el presidente Pérez Molina mostró que será igual de complaciente con la CICIG que los dos gobiernos anteriores. Dejando una vez más las esperanzas, de quienes creemos en componer los problemas de raíz y no por las ramas, truncadas por la falta de nuevas ideas y apoyo a viejas recetas que no funcionan y que lejos de ayudar empeoran nuestro sistema de justicia soplando el fuego del abuso de poder.

John Carroll

 


Desde el 2008 que se instauró la comisión, los resultados han sido cuando menos pobres y lo que sí se ha logrado es separarnos del ideal de un Estado de Derecho y hundirnos en el cada vez más profundo sistema de privilegios, cuellos y abusos de la justicia de nuestro país.

Por mi parte puedo decir que la ayuda de US$1.2MM que el gobierno español  ha anunciado como donación para el funcionamiento de la CICIG no es bienvenido por dos razones fundamentales, la primera es que después de donarle US$10MM desde su creación en el 2008 los resultados siguen siendo muy malos, y la principal es que no creo que sea adecuado ni moral aceptar ayuda de un pueblo que pasa gravísimos problemas económicos.  Claro que para el abultado presupuesto de España US$11MM debe de ser menos que quitarle un pelo al gato, pero si le preguntamos a uno de los tantos millones de desempleados (24% de la población económica) estoy seguro que no le haría gracia saber que, a pesar de que su país sufre de una fuga constante de capitales, cierre de empresas, deuda descontrolada y un largo etcétera de problemas, sus dadivosos políticos donan la plata de los contribuyentes que además cuentan con un sistema fiscal asfixiante para colaborar con una causa perdida del otro lado del Atlántico.

Lo mismo sucede con otras iniciativas que el presidente Pérez Molina parece estar empujando.  Como la desgraciada maña que tiene el moribundo presidente Chávez de internacionalizar sus medidas populistas.  Y claro, ya en varias oportunidades le ha venido bien el apoyo de muchos gobiernos de Latinoamérica y el mundo que se dejan comprar mangonear a cambio de la bendita ayuda financiera venezolana.  Pregúntele usted al pueblo de Venezuela si está de acuerdo en proporcionar crudo ilimitado financiado a tasas muy por debajo del mercado solo por el hecho de ser solidarios. ¿No será que todo lo que suponemos es cierto?  ¿Podrá subsistir el adinerado Estado de Venezuela con esa gamonal actitud de su gobernante?  Yo creo que no lo resistirá a no ser que el presidente Chávez  pierda las elecciones de finales de este año o para entonces esté pasando por el purgatorio.  El caso es que los venezolanos no pueden ni deben permitirle a Chávez que siga despilfarrando lo que en estos tiempos podría tenerlos como una de las sociedades  más ricas del mundo y en cambio los ha hecho caer a niveles de corrupción incluso superiores a los de Haití.

No creo que sea moralmente correcto que nosotros los ciudadanos guatemaltecos aceptemos esta clase de ayuda de países que sabemos la están pasando muy mal.  No es posible que nosotros aceptemos los pactos sucios y antieconómicos producto de la discrecionalidad de políticos que apuestan con la billetera ajena. 

Por eso digo que la ayuda no debe de ser bienvenida, sino debemos de hacer lo que esté a nuestro alcance para que ese dinero no siga siendo drenado por los gobernantes de otros países para beneficios confusos y desviados.

Gracias pero no gracias señores españoles, gracias pero no gracias señores venezolanos. Si lo que quieren es gastar el dinero con gusto me apunto a formar parte de la Comisión Internacional para la Solución del Paro Español CISPE, eso sí, se les encarga que los US$10MM de aporte inicial sean utilizados para darme un jugoso sueldo, una oficina de lujo con vista a La Cibeles, un ejército de guardaespaldas españoles, unos cuantos vehículos blindados, unas secretarias andaluzas guapetonas y un buen piso en Chamberí. Todo esto con una exención total de impuestos.  Les aclaro de una vez que es posible que les entregue algún resultado positivo solo después de unos ocho años de estar estudiando el fenómeno.