Según el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), la crisis que se inició a mediados de 2007 y se agravó a fines de 2008 ya ha precipitado en una situación de pobreza extrema a unas 50 millones de personas.
Los dos organismos internacionales llamaron en consecuencia a los países ricos a «hacer más» en materia de ayuda pública al desarrollo (APD), conforme a los compromisos que éstos mismos reiteraron en la cumbre del G20 de países industrializados y emergentes celerada a comienzos de abril en Londres.
«Existe el riesgo de que esas promesas no sean cumplidas si la crisis se sigue acentuando», admitió José Gijon, jefe de la sección ífrica-Medio Oriente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
«Los países ricos están sometidos a tal presión presupuestaria y deben financiar tantas medidas para sus propias poblaciones que les será difícil justificar el mantenimiento de las ayudas destinadas a otros países», declaró Shanta Devarajan, jefe economista para ífrica del Banco Mundial.
El recorte de la ayuda a los países pobres es un «recurso fácil» para los gobiernos que deseen reducir sus gastos, explicó Emmanuel Frot, del Instituto de transiciones económicas de Estocolmo.
En un reciente estudio, este investigador mostró que los seis países más afectados por una crisis económica en los años 1990, entre ellos Japón y Estados Unidos, disminuyeron su presupuesto de APD en un 13% al año siguiente.
Después de un año 2008 que ostentó récords en términos de volumen de ayuda al desarrollo, la baja parece en camino.
A comienzos de febrero, Irlanda disminuyó en un 10% su presupuesto de ayuda, siguiendo a Italia (-56% en diciembre) y a Letonia, que la suprimió totalmente, según la Red Europea sobre Deuda y Desarrollo.
El director para Europa de la organización no gubernamental de lucha contra la pobreza ONE, Oliver Buston, se preocupa además por un «cambio» en la estructura de la ayuda.
«Los países ricos disminuyen cada vez más las donaciones y prefieren los préstamos» para recuperar parte de los fondos, afirmó Buston, quien teme «una nueva crisis de la deuda» en los países pobres.
Por otra parte, las anulaciones de deuda, también integradas al cálculo de la APD, son «poco claras», según Katia Herrgott, de la ONG Coordination Sud: «Nunca se sabe si las deudas anuladas serán consagradas al desarrollo».
Estados Unidos ha fijado en el presupuesto de 2010 un alza del 8% de sus ayudas al desarrollo, pero la actitud de Francia da pie a las inquietudes de las ONG.
En el proyecto de presupuesto francés, las APD representan en 2009 un 0,47% del ingreso nacional bruto (INB) y de 0,41% en 2010 y 0,42% en 2011.
Esa cifra es «una estimación (…) que se está actualizando», señaló el portavoz de la cancillería francesa Eric Chevallier, quien aseguró que «la crisis no provocó una revisión en baja de los presupuestos».
Francia sigue comprometida con llevar su APD al 0,7% del INB en 2015, en conformidad con los Objetivos del Milenio de la ONU, recordó Chevallier.
«Ya antes de la crisis, los países ricos no respetaban sus compromisos con ífrica. Imaginen entonces ahora con la recesión…», comentó Shanta Devarajan.