Birmania abría progresivamente hoy el acceso de los cooperantes extranjeros a la zona devastada por el ciclón Nargis, adonde la comunidad internacional seguirá enviando ayuda humanitaria pese a su indignación por la extensión del arresto de la opositora Aung San Suu Kyi.
La prolongación ayer por un año del arresto domiciliario que la junta militar impone desde 2003 a la premio Nobel de la Paz exasperó a la comunidad internacional.
El presidente estadounidense, George W. Bush, uno de los más acérrimos críticos del régimen birmano, se declaró «profundamente molesto» por la prórroga de la detención de la líder de la Liga Nacional por la Democracia (LND), pero aseguró que la política no interferirá en la ayuda humanitaria al país del sudeste asiático.
«Estados Unidos continuará ayudando a la población de Birmania a recuperarse de la devastación causada por el ciclón Nargis y continuará respaldando la larga lucha del pueblo birmano por la libertad», afirmó Bush.
Pese a «lamentar la decisión» de la junta de extender la detención de Suu Kyi, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó «estar impaciente por retornar (a Birmania) lo antes posible para constatar los progresos» en la distribución de ayuda internacional.
Más de tres semanas después del paso del ciclón que, según un balance oficial, dejó por lo menos 133.600 muertos y desaparecidos y 2,4 millones de damnificados, las organizaciones humanitarias afirmaron percibir una creciente apertura por parte de la junta militar, hasta hace poco hostil a cualquier ayuda exterior.
Las diferentes agencias de la ONU tienen equipos de más de 200 personas en Rangún. Seis miembros del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y tres del Programa Mundial de Alimentos (PMA) pudieron viajar al delta del Irrawaddy (suroeste), la zona más devastada por el tifón, afirmó Richard Horsey, portavoz de Naciones Unidas en Bangkok.
Horsey se mostró optimista. «Los mayores obstáculos con los que chocábamos fueron levantados. A partir de ahora el esfuerzo de ayuda ganará envergadura rápidamente», afirmó, subrayando que las autoridades birmanas adoptaron «una línea más flexible».
Numerosos cooperantes extranjeros esperaban desde hacía semanas un visado de entrada a Birmania, mientras que los que ya estaban en Rangún tenían dificultades para obtener la autorización de viajar al Irrawaddy.
«Estamos viendo un poco de apertura», afirmó una portavoz de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Bangkok, Veronique Terrasse.
«No cabe ninguna duda de que nuestro esfuerzo humanitario se ha visto dificultado por las restricciones. Han pasado más de tres semanas y ahora esperamos acelerar las operaciones», afirmó.
Tras una larga espera, MSF pudo enviar a una docena de cooperantes extranjeros al delta.
El régimen birmano hizo otra concesión al anunciar que los particulares birmanos, que se trasladaban espontáneamente a las regiones afectadas por el ciclón para distribuir alimentos y ropa, serán bien acogidos.
Hasta ahora, las autoridades locales se esforzaban en disuadir los esfuerzos de quienes intentaban aportar ayuda a las miles de víctimas obligadas a mendigar en las carreteras.
«Todo el mundo puede efectuar donaciones libremente. Todo el mundo puede donar a cualquier persona, en cualquier región», anunció hoy en primera página el diario estatal New Light of Myanmar.
El diario lanzó por otra parte una inusual petición de donaciones privadas, incluyendo tractores, combustible y abonos para los campesinos del delta cuyos arrozales fueron devastados por el ciclón.
Según el diario, Nargis provocó una entrada de agua de mar en más de 4 mil km2 de tierras de cultivo. La ONU y la Unión Europea temen una hambruna en momentos en que debería comenzar la temporada de trasplante del arroz.