Ayer check-point, en Guatemala Price Water House Cooper


Tengo que confesar que me equivoqué. Que contrariamente a lo que debiera de ser la costumbre de quien analiza, nunca debí­ dejarme llevar por los sentimientos que me impulsaban desear de todo corazón que el pueblo tico, tradicionalmente culto y habiendo construido una sociedad, con mucho la más democrática de Centroamérica, diera el ejemplo al rechazar el abuso de quienes, encabezados por su servil presidente, les trataban de imponer el Tratado de Libre Comercio. Y olvidé, lo que he estado escribiendo desde aún antes de las elecciones mexicanas que llevaran a otro saltimbanqui de los intereses oligárquicos mundiales, a la Presidencia del hermano pueblo mexicano.

Carlos E. Wer

Y en su momento escribí­, que repetirí­an los exitosos fraudes de los Estados Unidos, de Perú, de Costa Rica, de El Salvador, de México, de Guatemala para «acomodar» el Congreso ante la imposibilidad de hacer el milagro de colar a Giammattei a la segunda vuelta y hoy, nuevamente con nuestros hermanos ticos, a quienes la lambisconerí­a del pavo real Premio Nobel, les recetará la misma fórmula empobrecedora del Libre Comercio.

Y olvidé que la oligarquí­a mundial, herida en el corazón por la amenaza de colapso del sistema económico financiero que ha creado, trata a toda costa de empujar el instrumento que siempre ha usado para satisfacer sus bajas pasiones: la guerra. Y ante la inminencia de un colapso, asegurarse la posesión de todos aquellos bienes que al final de cuentas, representen valores reales, ante el montón de papel en que convertirán sus monedas sin respaldo. Que aquellos, que encabezados por los intereses de los Rockefeller y su Council on Foregein Affaires, que instrumentalizaron desde 1969 la idea de una «División Internacional del Trabajo», mediante la cual se condenaba a los paí­ses subdesarrollados a convertirse eternamente en proveedores de materias primas y a los paí­ses industrializados en proveedores de bienes industriales.

El PPP que nos imponen, también no es una novedad, es la propuesta, antecedente también de los TLC, mediante los cuales propusieron un «Proyecto Energético Continental» en 1979. Los enormes intereses económicos en juego, que se han aliado a los traidores oligarcas guatemaltecos, no están decididos a «abrir la mano», bajo ninguna circunstancia, ni aún la progresiva pauperización de la población del paí­s, que hoy, en la prensa nacional, situara eufemí­sticamente en 51%…

Y este trozo de América Latina, de México a Colombia más la República Dominicana, que se mantiene ligado al proyecto derrotado del ALCA, no lo van a soltar por nada del mundo. Nosotros pagaremos los platos rotos de la derrota de las polí­ticas gringas a manos de Cuba, y hoy, Ecuador, la República Bolivariana de Venezuela, Argentina y Bolivia quienes con la incorporación de Brasil, al fundar el banco del Sur, dan un certero golpe en el propio corazón de sus mafiosos BM y FMI.

Lo grave, y que estos sinvergí¼enzas o no se dan cuenta o simple y sencillamente no les importa, es que como me dijera ayer un amigo maya: la próxima guerra será la guerra étnica. Y lo que quizá la población ladina de Guatemala ha temido durante tanto tiempo, el enfrentamiento étnico, se verá cada vez más cercano cuando no hemos sido capaces de construir un paí­s justo en el que todos quienes en él habitamos podamos satisfacer nuestras necesidades. Donde todos y cada uno, puedan tener la certeza de que tanto sus satisfactores, como aquellos que garanticen a las generaciones futuras una calidad de vida decente, sean posibles. Un paí­s en el que los valores humanos sean norma de convivencia.

Permitiendo que los grupos económicos que mantienen el poder en Guatemala se eternicen, es simple y sencillamente la manera más fácil de llegar a esa malhadada respuesta. ¡Todaví­a es tiempo que el pueblo abra los ojos y construya una nueva sociedad!