Aviso en campo prestado


Como se dice usualmente, como un «servicio social», sobre todo para los babosos como yo, con la ayuda de La Hora, quiero hacer pública mi denuncia en torno al rápido y veloz crecimiento de los «asaltos y estafas menores», si así­ pueden llamarse, que prácticamente pasan desapercibidas, ante el volumen impresionante de otros delitos graves que se cometen a diario y estos crí­menes «pequeños», son opacados por los grandes, por lo que el «sistema de justicia», que apesta, no los toma en cuenta, asi que denunciarlos, encima de la pena que sufre la persona que alevosamente ha sido despojada de sus bienes, sin mencionar los casos del Banco del Café y del de Comercio que lloran sangre, no vale la pena debido a que la PNC, los Fiscales y los jueces tienen cosas mas importantes que hacer.

Héctor Luna Troccoli

Lo más grave del caso es que estos minidelitos pues, ocurren en fraudes a establecimientos comerciales de gran prestigio, hasta a personas de poquí­simos recursos y a las cuales dejan en la calle. No voy a mencionar los casos que en seis meses he sufrido en carne propia, pero sí­ la forma tan bien planificada que se hace: una mediante un supuesto CHEQUE DE CAJA, que al llegar a cambiarlo resultó falso y el otro, de un sujeto que llamó a una casa de la zona 12 de familia de clase media, honorable y habló con el propietario de la misma, diciéndole que su padre lo acompañarí­a para comprarle los productos que este buen señor vendí­a. A la vez, a mí­ me convenció que su padre era el dueño de la casa y que le llevara determinados artí­culos para cancelarme en efectivo el valor de estos. Llegué con desconfianza, pero un señor de unos 75 años nos abrió la puerta y el estafador entró como Pedro por su casa y habló con toda confianza. Para no hacerles larga la historia el tipo, que se hizo llamar Ricardo Monzón Paiz, se robó los artí­culos….más mi celular. Como bien decí­a mi abuelita: «Para burro no se estudia». Ayer llamó a mi negocio otro de estos, pidiéndome 20 artí­culos y que le diera el número de mi cuenta bancaria para depositar allí­ el dinero y que una persona, de supuesto nombre Ana Cordón, me llevarí­a el voucher del depósito. Aquí­ si ya no caí­.

Pero he hablado con amigos e incluso con un vecino de mi pequeño negocio que es ingeniero, a quien afortunadamente sólo le robaron un celular con el cuento siempre del doble papá.

Quizás lo más delicado de estos casos, que les han pasado a miles de personas, es que de buena fe y por supuesto sin tener idea de lo que ocurre los medios de comunicación, son quienes alertan y/o ayudan indirectamente a los estafadores con los anuncios que publican. Desde el que vende su pichirilo, hasta empresas de página completa como una de la zona 9, a donde fui a comprar unos electrónicos para mi compu y en un sitial de honor observé un cheque por 30,000 morlacos, que se suponí­a era un CHEQUE DE CAJA y coincidentemente las firmas se parecí­an mucho a las del mí­o.

Aquí­ es poco lo que se puede hacer, más que alertar a la gente para que no se confié de nada ni de nadie, y a los medios que dupliquen sus esfuerzos para que, sobre todo los anuncios pequeños, sean controlados en mejor forma porque también hay casos en que los estafadores ponen anuncios ofreciendo cosas que o no entregan ya que dan un paquete que simula que allí­ está la cámara, la laptop, o cualuiqer otra cosa y en tanto uno la desempaqueta, ellos desaparecen o bien se llevan el carro que supuestamente van a «probar». En fin, conmigo, pisto en mano y…. artí­culo entregado.

BUENA ONDA. Gracias a los señores D. ílvarez, Miguel Monzón y Otto Arévalo por sus mensajes a mi columna del jueves pasado, sobre todo el del señor ílvarez me emocionó.