Un total de 5 mil millones de euros (7 mil millones de dólares) se están inyectando en la industria automotor para que se encargue de fabricar autos menos contaminantes, de los cuales 4 mil millones de euros son prestados por el Banco Europeo de Inversiones (BEI).
El resto será aportado a partes iguales por asociaciones público-privadas y deberá servir para invertir en investigación y desarrollo de tecnologías ecológicas, según aprobó la UE en diciembre, como parte del plan de reactivación para salir de la recesión económica.
«Si Europa realiza hoy inversiones inteligentes en sectores estratégicos», «mañana generará empleos y crecimiento sostenible», afirmó esta semana el comisario europeo de Ciencia e Investigación, Janez Potocnik, al presentar la primera ronda de licitaciones para proyectos «limpios» en el sector automotor.
«Tecnológicamente estamos por delante de Estados Unidos, pero por detrás de Japón», afirma a la AFP Franziska Achterberg, experta en política de transporte europeo de Greenpeace.
La suma destinada a hacer de Europa «un líder mundial» en tecnologías limpias – en palabras de Potocnik -, es «relevante», pero el problema «es que no está nada claro qué van a hacer las empresas con ese dinero», se inquieta.
El BEI «fija unas condiciones muy generales» a la hora de conceder préstamos para fabricar autos ecológicos, afirma Achterberg, destacando que el origen de éstos «no fue la necesidad de invertir, si no la crisis financiera: las empresas necesitaban dinero y no sabían de dónde sacarlo».
Los créditos del BEI «se están utilizando para construir nuevas plantas, como la de Daimler en Hungría, cuando la demanda está cayendo. ¿Es ésta la forma de ser más competitivos o de emplear el dinero del contribuyente?», se pregunta por su parte Kerstin Meyer, de la asociación paneuropea Transport & Environment (T&E).
La Asociación de Constructores de Automóviles Europeos (ACEA) prevé una caída del 35% de la producción europea para 2009.
«Claro que no ofrecemos cheques en blanco, nuestros expertos evalúan desde todos los puntos de vista» los proyectos de las empresas antes de «dar luz verde» al préstamo, defienden por su parte a la AFP fuentes del BEI.
«Los créditos van asociados a que los fabricantes cumplan antes de lo previsto o de una forma más cuantiosa los objetivos de la UE en cuanto a emisiones» de dióxido de carbono, aseguran las mismas fuentes.
Según la Comisión Europea, el 28% de las emisiones de CO2 en el continente se debían en 2005 al sector de transportes, de las cuales el 90% procedían del transporte por carretera.
Para Achterberg, «se deben acelerar las reducciones» de emisiones de los automóviles para lograr el objetivo europeo fijado para 2015.
A partir de esa fecha, los autos nuevos vendidos en Europa deberán emitir una media de 130 gramos de CO2 por kilómetro (frente a los 155g/km de 2008), bajo penas de multas para sus fabricantes.
«Es una meta realista, pero es difícil saber si lo lograremos. Dependerá del ritmo» en que trabajen las empresas y gobiernos, dice Achterberg.
íšnicamente el 10% del parque automovilístico europeo es considerado altamente contaminante (más de 180g/km), mientras que el resto es «moderado», señala además Meyer, estimando que un vehículo «verde» debe emitir como máximo 120g/km de CO2.
Según un estudio publicado por T&E, que recopila los datos de 18 países europeos, Portugal, Italia y Francia contaban en 2007 con el parque automovilístico menos contaminante, por debajo de la media de 158g/km. España se situaba en quinto lugar con 152g/km.
Nusa Urbancic, experta en coches eléctricos de esta asociación paneuropea, aplaude los compromisos nacionales de algunos países pero pone en duda que «su extrema ambición pueda aplicarse en la realidad».
España, por ejemplo, se ha fijado contar con un millón de coches eléctricos en 2014 – actualmente cuenta con un parque de más de 31 millones -, una meta que Urbancic ve difícil de alcanzar teniendo en cuenta que los primeros autos de este tipo «no saldrán a la venta hasta 2011 ó 2012».