Autogol tempranero


Si es cierto eso de que la certeza es la paz del espí­ritu, el gobierno del recién estrenado ílvaro Colom tiene nuestras vidas en vilo. La semana pasada ha dado señales de poca estabilidad, vacilación e indecisión constante y eso no es bueno para los gobernados. Si la imagen del Presidente fuera la de un papá que vela por sus hijos, no creo que hubiera vástago que se sintiera feliz con un progenitor tan cambiante y permanentemente dudoso.

Eduardo Blandón

Me parece que los polí­ticos tienen dos formas de comunicarse. La primera es la oral. El polí­tico habla, pronuncia discursos y promete, mientras que los gobernados escuchan y se dejan seducir o se muestran escépticos por tanta verborrea. La semana pasada fue la de «la paja colomiana», nuestro Presidente pronunció su discurso inaugural de gobierno y la mayor parte del paí­s escuchó atento cada una de sus palabras.

La otra forma de comunicación, que es la más convincente, es la que se realiza a través de las propias acciones. Los gobiernos hablan también con lo que hacen y los gobernados suelen entender más (aunque no sé si mejor) esos mensajes. Esta semana pasada, Colom también fue locuaz y verborreico, pero a través de lo que hizo o dejó de hacer.

La incontinencia pasada no fue verbal, sino factual. Colom transmitió a la ciudadaní­a una inseguridad de campeonato. Como si no bastara las confusiones de la vida, el gobierno socialdemócrata se está definiendo como timorato, cobarde e incapaz de tomar decisiones. Nos mantiene «del timbo al tambo»: que si el viceministro de educación será España, que si será Tay, que si será Blandón, la historia parece no terminar y nos tiene en angustia existencial.

Pero si esto sucede en decisiones insustanciales de la vida polí­tica, ¿qué se puede esperar del buen Colom a la hora de decidir entre los pobres y la oligarquí­a?, ¿será que tendrá valor para levantar la voz frente a los dueños del cemento, las cervezas o los pollos? Si se amilana frente a Jovielito y le agarra temor y temblor ¿qué garantizará que no se haga pipí­ frente a un nombre más difí­cil de pronunciar? No, Colom definitivamente ha empezado con mal pie y su mensaje ha dejado mucho qué desear.

Cotejar sus palabras con sus actos lo hacen parecer un payaso más entre los gobernantes que le han precedido. Esta semana en términos futbolí­sticos, da la impresión que Colom se metió un autogol tempranero -en los primeros segundos del partido-. Y si va a seguir así­, definitivamente va a ser una goleada a la chapina (digo, de esas que ya estamos acostumbrados a padecer frente a otras selecciones). Menos mal que el juego empieza y todaví­a falta mucho para recuperarse.

Colom no debe olvidarse que, sí­ es cierto eso de que las primeras impresiones son las que valen y quedan, ha comenzado mal su administración. Ojalá pueda reponerse, no sólo por él, sino por todos aquellos que no nos gusta las aguas alborotadas y preferimos navegar por mares tranquilos. Esa paz se consigue, para comenzar, tomando decisiones firmes: usando la autoridad que el pueblo ha depositado en él.