Según el Banco Mundial los hombres sufren una peligrosa crisis de identidad, lo cual lo analizan en el libro La otra mitad del género. Sostiene que los cambios económicos han deteriorado el rol tradicional del hombre como proveedor de sustento La provisión ha sido uno de los principales medios de construcción de la subjetividad masculina, de ahí que muchos traten de reafirmar su masculinidad en formas destructivas, como la violencia de género.
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Hasta ahora, el Banco Mundial se había concentrado en ayudar a resolver los problemas de las mujeres en los países pobres, pero María Correia, coautora junto con Ian Bañón del libro anteriormente citado dice que es necesario prestar más atención a los hombres.
La escritora insiste en que el ayudar a los hombres a lidiar con los desafíos propios de su género contribuirá a resolver los problemas sociales más crónicos en el mundo en desarrollo, como el crimen urbano, la pandemia de sida y los patrones dominantes de guerra y conflictos.
Investigando sobre el tema encontré otro artículo denominado: «De cómo el pene afecta la autoestima», este se refiere a que ocho de cada diez hombres en todo el mundo sufren eyaculación precoz, y si escarbamos un poco más encontraremos que 100 %% de los varones que han tenido una relación sexual la han experimentado. El efecto psicológico que esto conlleva es tremendo, pues afecta su autoestima y dificulta su relación con el sexo opuesto.
Cuando se describen los estereotipos del ser masculino encontramos una serie de características que impiden al hombre expresar su humanidad y sus sentimientos. El hombre debe ser fuerte, el proveedor, el que debe saber de electricidad, arreglos caseros, el que debe competir con otros para mostrar su fuerza, constituye la persona a quien se le impide llorar y mostrar su fragilidad.
Ser hombre en una sociedad patriarcal también significa ser adicto al alcohol, a las drogas y a las mujeres, pero sobre todo, ser heterosexual. Demostrar quién tiene el dominio y la razón, ser infalible, al no tener sentimientos que mostrar, ser despiadado y violento.
La autoestima de una persona se aprecia de mejor manera con la forma en que esta trata al mundo que le rodea. Las mayores cifras de actores de situaciones violentas están relacionadas al género masculino. Y esto no es por casualidad sino debido a la construcción social de la identidad masculina y por ende su autoestima.
Si bien es cierto que la sociedad es androgénica y que prioriza la valorización del género masculino. Esto no significa que a ellos se les proporcione una posibilidad de apropiarse de un adecuado concepto de sí mismos. Al contrario, esto fortalece la inseguridad en los hombres de quienes se esperan muchas expectativas para cumplir.
Una persona que es capaz de maltratar o inclusive ser partícipe del homicidio de la mujer que ama, no puede contar con una buena autoestima.
Para fortalecer la autoestima masculina se hará necesario construir roles de género con equidad en el mismo. Que ayuden a desvanecer la conducta violenta y fortalezcan a ambos géneros dentro de la sociedad. Pudiendo convivir de manera armoniosa y solidaria.
Afortunadamente cada día existe más conciencia social de esta necesidad de cambio y hombres y mujeres se encuentran ocupados en el tema. Para ayudarse así mismos, a sus familias y a la sociedad.
Con anterioridad en otros artículos he mencionado que en Guatemala es necesario trabajar con los agresores en sus procesos de rehabilitación para limitar la violencia y de manera especial la dirigida a las mujeres.
No existen recursos destinados para emprender esta labor de manera particular y al considerar el trabajo de violencia contra la mujer únicamente existen aportaciones importantes para el sector mujer. Es como que si al ocuparse del enfoque de género se abrieran las puertas de manera exclusiva a las mujeres. Olvidando que hombres y mujeres convivimos en una misma sociedad y que unas y otros hemos de emprender un proceso conjunto de cambios y aprendizajes de una nueva cultura que conlleve a la fraternidad y a la paz.