Austeridad de todos modos


No cabe duda que es un chantaje el que está haciendo el Gobierno al anunciar que si no se aprueba su paquete fiscal deberá reducir gastos en Educación, Salud y Seguridad, porque habiendo tantos rubros en los que el Estado puede racionalizar el gasto no hay razón para que concentre todo plan de austeridad en esos tres campos cuya importancia salta a la vista y que son en los que menos debiera regatearse.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Si el Presidente hubiera dicho que además de afectar esos rubros se verí­an obligados a suprimir los viajes, a reducir salarios de los funcionarios de alto nivel, a quitarles la seguridad a los altos mandos del Gobierno, a evitar la publicidad oficial y la compra de vehí­culos de lujo para sus allegados, posiblemente se entenderí­a realmente como un mensaje que busca el mejor uso de los recursos del Estado, pero cuando nos dice que se verá obligado a despedir maestros reduciendo la gratuidad de la educación, o que habrá menos médicos y menos policí­as, no se puede ver el asunto más que como un chantaje burdo que no tiene sentido viniendo de quien representa la unidad nacional y quien juró servir al paí­s.

Pienso que vivimos tiempos difí­ciles que ni siquiera los técnicos de este gobierno pudieron prever porque no tuvieron el tino de entender que la crisis económica nos iba a pasar una alta factura a todos. Pero la solución no está en amenazar al pueblo con joder a medio mundo, eliminando educación, salud y seguridad, sino en proponer planes de verdadera austeridad que nos hagan ver que las autoridades están realmente con la idea de servir al paí­s y no con la mentalidad de seguirse sirviendo gracias al aporte de todos… Porque hasta el dí­a de hoy, la percepción de los guatemaltecos es altamente justificada en el sentido de que nuestros polí­ticos no tienen ninguna vocación de servicio, sino que tienen interés de mamar y beber leche, hartándose con los recursos que debieran ser usados para fines de interés nacional pero que terminan manejando para el clientelismo polí­tico, además de lo que muchos se embolsan sin ningún pudor.

No es madura la actitud del Presidente Colom con esas amenazas, puesto que en estas circunstancias especiales de la Patria debiera abanderar una sana y profunda discusión que apunte a resolver de una vez por todas nuestro problema fiscal y para ello hace falta un liderazgo propositivo, honesto y competente, que sea capaz de despertar en los ciudadanos una visión diferente del paí­s que queremos para nuestros hijos. Pero chantajear al pueblo no es una respuesta correcta, como tampoco lo es la burda campaña contra los impuestos que distorsiona la realidad del paí­s.

Y la opinión pública se tiene que debatir entre esos dos enfoques maliciosos, tanto de quienes sin razones de peso usan el chantaje como de quienes por principio y prurito se oponen a toda contribución fiscal porque consideran que los impuestos son un despojo al particular y no un instrumento para el desarrollo equitativo de los pueblos.

Encarar nuestra situación con verdad y honestidad demanda actitudes de liderazgo que se sustenten en hechos, en evidencias irrefutables de que estamos aspirando a un paí­s diferente. El chantaje burdo se revierte contra quienes lo esgrimen.