La crisis económica afecta a todos y, por supuesto, también a los trabajadores que permanecen en Estados Unidos sin llenar los requisitos migratorios aunque su aporte se vuelve más atractivo para muchos empresarios que prefieren contratar ilegales que cobran menos y que trabajan con extraordinario ahínco. La parte de la inmigración que ha laborado en la industria de la construcción es la más afectada porque en esa actividad económica el frenazo ha sido brutal, pero también están sufriendo las consecuencias los que trabajan prestando servicios porque al disminuir los niveles de consumo dejan de percibir ingresos, sobre todo quienes se nutren de propinas.
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Pero una de las características esenciales de la persona que emigra es su preocupación por la gente que dejó atrás, por los parientes que dependen de él y de su trabajo. Platicando con algunos guatemaltecos que viven afuera, encuentro como común denominador que prácticamente todos están preparados para apretarse el cincho y vivir con más limitaciones con tal de poder mantener los envíos de remesas a sus familiares en Guatemala. El sentido de solidaridad que muestran es enorme y habla muy bien de la calidad humana de quienes por necesidad tienen que dejar a sus familias para ir a ganarse la vida en los Estados Unidos.
Por supuesto que tiene que haber un efecto en el volumen de las remesas y de hecho la Organización Internacional para las Migraciones en su última encuesta ya percibió que siguen creciendo, pero no con la velocidad que mostraban en años anteriores. Varias veces he dicho que para Guatemala las remesas son la tabla de salvación porque de no ser por ese ingreso que es una parte importante de nuestro Producto Interno Bruto (aunque lo de interno sea un decir), nuestros industriales y comerciantes ya hubieran quebrado.
Lo que veo ahora es un período sumamente difícil para el trabajador que permanece sin papeles en Estados Unidos porque si bien su contribución seguirá siendo buscada por empresarios que aprovechan la mano de obra barata, también las autoridades de migración sentirán presión cuando los índices de desempleo de los norteamericanos se disparan por el cierre de empresas de todo tipo. Y a ello se suma que los ingresos menguan por la menor actividad económica producto de la recesión, lo que significa que las cosas se pondrán difíciles para nuestros compatriotas.
Sin embargo, y eso es importante, su vocación de sacrificio está más que probada y por ello es que sus familiares tienen que hacer un uso adecuado del producto de tanto esfuerzo que hacen quienes se parten el alma trabajando jornadas que no aguantan ni siquiera los bien alimentados trabajadores gringos. Hablando con Dimas, un huehueteco que temprano en la mañana sirve desayunos en un restaurante y desde mediodía hasta la medianoche trabaja en otro recogiendo platos en las mesas, me decía que las cosas están duras, pero que eso significa que tiene que trabajar más porque no puede dejar de enviar dinero a sus hijos y su esposa.
Y casos como el suyo abundan y cada día son más porque por fuertes que sean los controles migratorios, las condiciones en Guatemala son tan difíciles que siempre hay gente dispuesta a correr los riesgos del viaje, de cruzar ilegalmente la frontera, y de tener que trabajar en condiciones tan adversas. La gran ventaja del chapín es que donde encuentra trabajo, lo aprecian por su dedicación y capacidad de trabajo, sin el aspaviento bullicioso de otros inmigrantes.