Los Constituyentes de 1985 decidieron no sólo conferir autonomía absoluta al deporte federado, sino asignar enorme cantidad de recursos para financiar las actividades deportivas del país, bajo la tesis de que nuestro estancamiento en todas las competiciones era resultado de la falta de apoyo institucional a una actividad tan importante para la sociedad. En 1985 nuestro deporte no era un dechado, pero en algunas competencias se lograban a nivel regional resultados decorosos. El futbol, el básquet, el mismo béisbol, softbol, atletismo y tiro daban una que otra satisfacción en las justas que se realizaban al menos en el área centroamericana.
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Hoy, después de casi un cuarto de siglo y cientos de millones de quetzales del erario destinados por mandato constitucional al deporte, vemos que en todos los planos el retroceso ha sido dramático y si antes por lo menos podíamos aspirar a tener decorosa presencia en competencias regionales, ahora estamos a la cola en todo. Lo del futbol es paradigmático por la supuesta importancia que tiene ese deporte en el colectivo social y por la forma en que afecta a la población el mal desempeño de nuestros seleccionados. Hoy, quién lo diría, Guatemala se enfrenta a Nicaragua en un juego extra para ver si logra clasificar a la Copa de Oro luego de haber desempeñado el más desteñido papel de la historia en el plano centroamericano. Los comentaristas extranjeros han juzgado que Guatemala está, si mucho, en el nivel de Belice y advierten que los pinoleros pueden ganarle sin mucho problema a nuestro país.
Antaño, cuando jugaba Guatemala contra Nicaragua era prácticamente victoria cantada y se decía que los nicas sabían jugar béisbol, pero no valían para el fútbol. En esos días, presumíamos de jugar con Costa Rica los clásicos de Centroamérica y veíamos con cierta superioridad a países como El Salvador y aun Honduras. Se jugaba por esos años el torneo de la Fraternidad Centroamericana y los equipos Municipal, Comunicaciones y Aurora eran rivales directos del Saprissa o el Alajuela para disputar la supremacía regional.
¿Qué ha pasado con todo el dinero que el Estado invirtió en el deporte? Evidentemente no fue bien empleado, como pasa siempre en el país, porque vamos como el cangrejo y lo peor es que existe un candado constitucional que no permite que se implementen medidas para intervenir la estructura del deporte federado de manera tal que se pueda no sólo reorientar el destino de los recursos, sino que también hacer profunda auditoría de la forma en que se gastó el dinero para determinar las causas del fracaso.
Los que clamaron siempre por autonomía y despotricaron contra el Estado, ahora claman porque sea ese mismo Estado el que masifique el deporte, no obstante que el dinero llega en forma abundante y consistente a las federaciones y a esa otra cacharpa que es el Comité Olímpico, instituciones que se convierten en reducto de dirigentes que se eternizan en los puestos que desempeñan en forma ad honórem, pero que no suelta ni a pencazos.
Pasará el enojo y el desencanto causado por el pobre rendimiento de los seleccionados y todo quedará en el olvido. Los mismos dirigentes seguirán mamando y bebiendo leche y el retroceso se mantendrá sin que nadie mueva un dedo para corregir los desmanes. Dios nos libre de que hoy le ganemos a Nicaragua porque entonces ese triunfo servirá de opio para adormecer más las conciencias y olvidar lo mal que andamos.