Aumenta la presión en Rusia



A todos los periodistas rusos que quieran hacer preguntas desagradables acerca de las legislativas del 2 de diciembre, la abogada Galina Arapova, especializada en la defensa de los medios de comunicación, les hace una sola y única recomendación: mejor abstenerse.

«Â¿Escribir sobre las elecciones? Es que no tienen derecho», explica Arapova, jefa del Centro de Derechos de los Periodistas en Voronej, a 500 km al sur de Moscú.

En virtud de una ley adoptada después de las legislativas de 2003, los periodistas ya no pueden escribir sobre los candidatos de manera que pueda resultarles favorable o negativa, recuerda.

En este contexto, la cobertura mediática reducida de las elecciones y la omnipresencia en la televisión del presidente Vladimir Putin y su partido Rusia Unida hacen dudar de que estas legislativas sean democráticas.

«Aunque la ley electoral rusa prevé un mismo acceso para todos los actores polí­ticos, el partido en el poder (Rusia Unida) domina el paisaje audiovisual», deploró recientemente Luc Van Den Brande, responsable en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE), en una visita a Moscú.

Olef Panfilov, jefe del Centro moscovita para Periodismo en Situaciones Extremas, está de acuerdo. «Con una televisión así­, no se pueden tener elecciones democráticas», estima.

Según un estudio del centro efectuado en octubre, las tres principales televisiones rusas, controladas por el Estado, han consagrado al partido Rusia Unida del 17% al 18% del tiempo reservado a la actualidad polí­tica.

Putin, que dirige la lista de Rusia Unida para las legislativas, se ha llevado lo esencial del tiempo restante, mientras que la cobertura de la actividad de los partidos opositores es insignificante.

La Unión de Fuerzas de Derecha (SPS, liberales) y el Partido Comunista han puesto denuncia por considerar abuso de poder las intervenciones televisadas del jefe de Estado a favor de Rusia Unida. Pero esta querella tiene pocas posibilidades de dar resultados concretos.

El jefe de la Comisión Electoral Central, Vladimir Churov, un amigo de Putin, estima que el presidente no viola la ley electoral y que Rusia Unida ocupa menos espacio en los medios de comunicación «que todos los demás partidos juntos».

Asegura también que la ley no prohí­be que los periodistas critiquen, sino que pretende prevenir el uso de los medios por ciertos candidatos para denigrar a sus rivales.

Un periodista de Voronej, Boris Voline, encargado de asuntos sociales en el diario Kommuna, afirma que ha sido objeto de una decena de pleitos por difamación, interpuestos por las autoridades locales.

«Nuestros responsables locales tienen un sistema nervioso muy sensible», dice. «Pero cuando uno ve el estado real de las cosas, desempleados que beben, jóvenes que se drogan, no se puede poner por escrito».

Abordar temas que critican a las autoridades locales puede costar caro a los periodistas: las «penas» pueden ir de multas e imputaciones criminales a palizas o asesinatos.

Según el Comité de Protección de los Periodistas (CPJ), Rusia es el paí­s más peligroso para los periodistas después de Irak y Argelia. El comité reseña 42 periodistas muertos en Rusia desde 1992, 13 de ellos desde la llegada de Putin al poder en 2000.

Por otra parte, «varios diarios y televisiones locales fueron cerrados porque lo que hací­an no gustaba a las autoridades», indica Panfilov.

Para el decano de la Facultad de Periodismo de Voronej, Vladimir Tulupov, el periodismo ruso ofrece ahora mismo un panorama bastante triste. «Se trata de una profesión peligrosa que cada vez lo es más», resume.