Atrapados. La élite económica (V)


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Aglutinados o no en el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras, CACIF, la élite económica del país, paradójicamente, ha retenido el desarrollo del país. Por ejemplo, la desnutrición crónica que padece más de la mitad de la población a nivel nacional y con ello otra serie de letargos que están implícitos, no son achacables a un gobierno en particular, a un grupo de políticos en especial, pero sí a un modelo económico al servicio de esa élite económica que ha producido estos deleznables índices, a los que se agregan la pobreza y la pobreza extrema.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com


La negativa al pago de impuestos bajo el argumento de la corrupción estatal no es más que un pretexto para frenar oportunidades que pudieran extenderse a unas mayorías hoy por hoy, condenadas a la miseria y a condiciones infrahumanas. Ellos al buscar apropiarse de la mayor cantidad de créditos fiscales o de otro tipo de figuras para garantizarse “incentivos” de naturaleza fiscal son parte de los privilegios que han alcanzado a costa del sacrificio y la negación a conglomerados de población cada vez más numerosos. En 1988 promovieron intentos de alteración del orden político-electoral vigente. Hubo tanta presión en contra del gobierno que éste terminó cediendo y la “reforma fiscal” de aquella época ahora es solo cosa del pasado. No se logró concretar.

La generación de riqueza, entre los aspectos más importantes, se produce a partir de la existencia de un conjunto de oportunidades a ser empleadas por los emprendedores. Un emprendimiento que dada la naturaleza humana tiende a acaparar esas oportunidades para que no sean empleadas por otros emprendedores. Sin embargo, los países desarrollados han alcanzado precisamente su nivel de desarrollo y riqueza que se extiende a un buen número de sus habitantes, evitando esa tendencia al acaparamiento y el celo porque otros puedan superar sus niveles de ingresos. En nuestro país no ha sido tal, por ello este modelo en lugar de generar una riqueza que se amplié a un número creciente de la población, lo que ha producido es un incremento aritmético del empobrecimiento de la población. Los economistas le llaman proceso de pauperización. Constante, permanente, fijo, terrible.

Si a una sociedad se le niegan las oportunidades para alcanzar un alza en los niveles de ingresos de las grandes mayorías de su población, tenemos el punto de partida para que se manifiesten otro tipo de inequidades, otro tipo de injusticias. Y peor aún, cuando las élites niegan la oportunidad de fortalecer la institucionalidad del Estado y toda la mística que debe ser parte del servicio público, no hacen sino condenar al fracaso a ese Estado y con él a la sociedad en su conjunto que le es parte. En los últimos años, de eso hemos tenido mucho, demasiado. La factura nos la están pasando a todos con estos otros niveles galopantes de delincuencia y agresividad que padece nuestra sociedad. Son las llamadas causas estructurales de la violencia, la delincuencia, el contrabando, el crimen organizado y un cruento etcétera que a todos nos afecta.

La paradoja de la élite económica también resalta cuando en su oposición al pago de impuestos acusan y señalan al sector público de corrupto e ineficiente. Mucho de ello hay, pero en el tema de la corrupción, lo que predomina son los favores a los dueños del capital. Es decir, esa corrupción que señalan con tanta vehemencia, la suelen rotular si ellos no son los beneficiaros del “favor” del ente público. Pero sin son ellos quienes a través de las coimas y otras dádivas corruptas obtienen el beneficio buscado entonces es mejor quedarse callado. En suma, esa élite económica de nuestro país, con su egoísmo histórico tiene atrapado el futuro de nuestra sociedad. Compran voluntades, compran favores y luego cuando se han saciado, señalan a sus antiguos socios como los deshonestos de la política, los corruptos, los mañosos, pero ellos no.