En la última parte del siglo pasado se produjo el explosivo desarrollo de la llamada autopista de la información conocida como la Web en el sentido de que como una telaraña estableció una red de intrincadas conexiones. La triple W que se utiliza en las direcciones de los sitios de internet corresponde a la World Wide Web que interconecta computadoras a lo largo y ancho del mundo y con ello a las personas que operan esos instrumentos cada vez más populares y accesibles.
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El acceso a la Web coloca la información al alcance de cualquiera y prácticamente no hay ámbito del saber humano que no se pueda comunicar a través de esa gigantesca vía de comunicación que nos permite entender de manera práctica y cotidiana el sentido de la globalización. En muchos sentidos se confirma, con esa explosiva forma de comunicarnos, que la información es pilar de la libertad porque todos nos sentimos mucho más libres cuando podemos encontrar respuestas a nuestras dudas e interrogantes simplemente acudiendo a uno de los motores de búsqueda que en microsegundos compilan la información existente, que puede ser veraz o falsa, para ponerla a disposición del usuario.
Pero curiosamente en inglés también se entiende por Web a una trampa intrincada que captura a sus víctimas, es decir, la telaraña que no sólo es la forma simétrica en que las arañas las van tejiendo, sino la forma de atrapar los insectos que servirán de alimento. Y ahora nos damos cuenta que nunca mejor puesto un nombre como cuando a internet se le bautizó como la web, puesto que si bien es esa red que nos permite comunicarnos con extraordinaria facilidad, igualmente permite que los espías que se dedican a recabar información de particulares a lo largo y ancho del mundo puedan capturar los datos de la manera más sencilla, atrapando aun información muy sensible de las personas que confían en la privacidad de sus datos en la Web.
Hoy en día no podemos vivir sin internet y de manera cotidiana estamos trasladando por la Web nuestros datos particulares y nuestras ideas, ideologías y pensamientos, confiados en que esa información llega únicamente a los destinatarios que nosotros escogemos y a los que damos acceso a nuestra privacidad. Pero resulta que más allá del sueño del “Gran Hermano”, ahora vemos que con la mayor desfachatez del mundo, hasta los gobiernos que se las llevan de democráticos capturan la información y hacen con ella lo que les viene en gana, alegando que se trata de garantizar la seguridad de las naciones y que para tal fin es absolutamente válido robarse la información que de manera confiada se comparte en la Web, esa telaraña que vimos durante tres décadas asociada únicamente a la forma del tejido de las arañas, sin imaginar que sería también la trampa pegajosa en la que serían capturados nuestros datos.
Imposible pensar en la vida moderna sin acceso a la Web, sin que nuestro teléfono inteligente nos comunique con los sitios de internet que necesitamos para cuestiones tan elementales como el enviar o recibir nuestros correos electrónicos. Vivir sin internet sería para buena parte del mundo como volver a la edad de piedra y de esa cuenta nosotros ya somos presa de la telaraña porque aun sabiendo que de cínica manera los gobiernos se aprovechan de la información, y además lo hacen también muchos particulares que poseen sofisticados aparatos de espionaje. No vaya usted a pensar que únicamente en el primer mundo hay particulares que tienen la habilidad de espiar así. Aquí en Guatemala se privatizaron los servicios de inteligencia de manera que además del Estado, además de los Estados Unidos, hay también empresarios que recolectan y manejan información robada de la telaraña.