Atentado enluta fiesta


Daños en el restaurante  Adbullah al norte del Kirkuk a 225 kms de Bagdad. AFP Marwan Ibrahim

Un atentado en Irak enluta el fin de la fiesta de Eid Al Adha con 55 muertos.


Al menos 55 personas murieron y 95 resultaron heridas hoy en un atentado en un restaurante cerca de Kirkuk (norte de Bagdad) donde se celebraba el último dí­a de la fiesta de Eid Al Adha, en el ataque más letal perpetrado en Irak en los últimos seis meses.

«Al menos 55 personas murieron y 95 resultaron heridas en el atentado», indicó el general Torhan Yussef, número dos de la policí­a de Kirkuk, a 225 km al norte de Bagdad.

Un balance anterior habí­a cifrado los muertos en 45 y los heridos en 93.

En el momento del atentado, varios jefes de tribus almorzaban con representantes del presidente iraquí­, Jalal Talabani (que es kurdo), para hablar sobre la situación en Kirkuk. Ninguno resultó herido en el atentado porque estaban en otra sala, indicó el jefe Ali Hussein al-Juburi.

Por el contrario, cuatro guardaespaldas de esos jefes tribales resultaron heridos.

El atentado se produjo a primeras horas de la tarde en uno de los establecimientos más conocidos de la provincia, el Abadalá, a unos 15 kilómetros de Kirkuk, en una ruta controlada por los peshmergas (combatientes kurdos).

El restaurante es frecuentado habitualmente por miembros de todas las comunidades locales -sunitas, kurdos y turcomanos- y el ataque contra el mismo tuvo lugar en el último dí­a de la fiesta de Eid Al Adha, la principal del calendario musulmán.

Según un camarero, Abbas Fadel, un kamikaze activó su cinturón de explosivos en una sala donde estaban almorzando muchas familias.

Una fuente del ministerio de Defensa en Bagdad confirmó esa versión, pero otra del ministerio del Interior sostuvo, en cambio, que el ataque fue perpetrado con un coche bomba.

Muchas ví­ctimas yací­an en el suelo, con el rostro ensangrentado, refirió un periodista de la AFP.

«Hay cada vez más ví­ctimas que llegan», señaló un médico de los servicios de emergencia, Mohammed Abdala.

A la entrada de ese servicio, un niño de unos cinco años lloraba porque, según contaba, perdió a sus padres.

Cerca de él, Rezkar Mahmud, un kurdo de 24 años, fue herido en una pierna. Cuando estalló la bomba, almorzaba con su padre, su mujer y sus hijos.

«El restaurante estaba lleno. La explosión hizo añicos los vidrios y derrumbó las paredes. No sé dónde se hallan mis hijos y mi padre», afirma.

«Yo he perdido a mi nieta. Tení­a cuatro años. Y no sé dónde están mis dos hijos», cuenta Reskiya Oji, una iraquí­ turcomana de 49 años, recostada en una cama de los servicios de emergencia, con su ropa manchada de sangre.

Ante la afluencia de ví­ctimas, la policí­a pidió donaciones de sangre.

Atentados y enfrentamientos intercomunitarios se producen con cierta frecuencia en la rica provincia petrolera de Kirkuk, que tiene unos 900.000 habitantes repartidos en varias comunidades: kurdos, turcomanos, que se consideran sus habitantes históricos, cristianos y árabes, llegados por la polí­tica de «arabización» forzada del ex fallecido dictador Saddam Hussein.

El ataque contra el restaurante Abdalá es el más sangriento que se produce en Irak desde el doble atentado que el 10 de noviembre dejó 28 muertos y decenas de heridos en el mercado Azamiya de Bagdad.

El 17 de junio, 63 iraquí­es murieron y 75 resultaron heridos en un atentado cerca de otro mercado bagdadí­, en el barrio de Al Hurriya.

La jornada más trágica de este año se remonta al 1 de febrero, cuando dos atentados suicidas en sendos mercados de la capital iraquí­ mataron a 98 personas e hirieron a más de 200.