Hoy, el día «D» en los Estados Unidos se decide el futuro de ese país. Lo que suceda en él, tendrá, indiscutiblemente repercusiones mundiales. A pesar de la propaganda, en la que se hace hincapié en que durante ese evento, el pueblo estadounidense decidirá ese futuro, en realidad éste no es el que lo decidirá, dado el complejo sistema electoral de ese país.
Más allá de una mera elección, lo que se decidirá en ella será de mucha mayor profundidad. Es el sistema económico el que está en juego. Es el mantenimiento de las políticas impuestas por el sistema británico de economía de «Libre Mercado», que ha llevado al mundo al borde del colapso financiero, que lucha a través del moribundo presidente Bush por sobrevivir, haciendo del «salvataje», el arma con el que pretenden dar respiración boca a boca, a un también moribundo sistema, o la posibilidad, incierta por cierto, de que un triunfador Obama, pueda responder a la presión de los más importantes países del mundo, quienes presentan sus versiones tendientes a la conformación de un nuevo sistema financiero internacional que ponga fin al «Nuevo Orden Mundial» anunciado con toda pompa por la pareja Reagan-Bush ante el parlamento británico en 1982.
En ese orden de cosas, la reunión del Grupo de los 20, que se reunirá en la ciudad de Washington en los próximos días, cobra inusitada importancia.
Sin embargo, más allá de las elecciones, serios sectores políticos de ambos partidos políticos, demócratas y republicanos, han señalado su preocupación por la seguridad del candidato Barak Obama, quien, de ser electo en el evento de hoy, estaría sujeto a serias amenazas de muerte. No solamente los antecedentes de asesinatos de presidentes en los Estados Unidos, sino su aún marcado racismo en contra de negros y morenos especialmente, provocan el que estas amenazas preocupen seriamente a sectores políticos bipartisanos, quienes promueven la posibilidad de un acuerdo que trate de evitar esa potencial posibilidad.
Dadas las características de la presente campaña electoral, en la que las minorías se han sentido representadas por las posibilidades de cambio que ofrece el joven senador Obama, el que éste fuera asesinado conmovería lo más profundo de las estructuras sociales estadounidenses, provocando explosiones sociales de alcance nacional, que pondrían en peligro la propia integridad de esa potencia. Ya, como respuesta al descontento que provocara, el inmoral «salvataje» bancario en el compromete al pueblo estadounidense a pagar miles de millones de dólares, que las genialidades económicas de la Reserva Federal, impusiera en las últimas décadas, el presidente Bush, ante la posibilidad de manifestaciones en contra de ellas, ya una vez convertidas en Ley de la República, convocó a fuerzas del Comando Sur, que pudieran contenerlas.
En medio de la mayor crisis económico-financiera del mundo desde 1923, no habría nada más alentador para las fuerzas, que ante la debacle no encontrarían mejor oportunidad que provocar el peligro de desintegración de los Estados Unidos, ante un hecho de tal magnitud. Ante la posibilidad de que medidas proteccionistas al estilo de las que fueran respuestas a la crisis de 1929-32, que darían definitivamente al traste con la globalización económica impuesta, los sectores financieros mundiales, desesperados por los hechos recientes, encontrarían las alternativas del asesinato o de la guerra provocada por el tan ansiado ataque «preventivo» a Irán, impulsado por el siempre semioculto vicepresidente Chenney, pero el que junto con su equipo de Neocons, hoy casi totalmente desintegrado, ha promovido, duplicando el provocado contra Afganistán e Irak planificado a través del proyecto «Clean Break». Una y otra vez, Chenney ha tratado de provocar ese ataque, el más reciente intento, el ataque a una pequeña aldea siria, fronteriza con Irak, cumplió con su objetivo de elevar las posibilidades del halcón israelí «Buby» Netaniahu, a acceder nuevamente al poder.
Ese es el panorama, no muy alentador, ante el que se decidirá, en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos el día de hoy, prácticamente el destino del mundo. Las posibles presiones por parte del grupo de los G-20, añadirán su cuota de incertidumbre a este globo azul, que ve como día a día, amenaza con desintegrar totalmente el sistema económico-financiero, sin que se note en el horizonte una sólida voluntad de encontrar la fórmula que la evite.
Aquí en Guatemala, habrá muchas personas que seguirán con interés el desarrollo de las elecciones estadounidenses. Aquí como allá, habrá sectores que con pasión apoyen cualquiera de las dos opciones que tiene ese país y que, con absoluta seguridad repercutirá en nuestra propia realidad nacional.