El cadáver del arzobispo caldeo de Mosul, Faraj Rahou, que había sido secuestrado el 29 de febrero, fue hallado cerca de esta ciudad del norte de Irak, anunció hoy el arzobispo auxiliar de Bagdad, monseñor Shlemon Warduni al servicio de información de la Iglesia católica italiana.
Poco después de recibir la noticia, el papa Benedicto XVI se mostró «conmovido y muy triste» por la «trágica muerte» del arzobispo caldeo de Mosul, Faraj Rahou, cuyo cuerpo fue hallado 13 días después de su secuestro, indicó un portavoz del Vaticano.
El monseñor Warduni dijo a la agencia SIR que se había «hallado su cuerpo cerca de Mosul». «Los secuestradores lo habían enterrado», especificó.
El arzobispo fue secuestrado en Mosul, a 370 km al norte de Bagdad, por hombres armados que habían asesinado a tres de sus guardaespaldas.
«Los secuestradores nos llamaron ayer para advertirnos de que monseñor Rahou estaba muy grave y en la tarde nos informaron de que había muerto. Al día siguiente en la mañana nos dijeron por teléfono que lo habían enterrado», contó monseñor Warduni.
«Algunos jóvenes de nuestra parroquia siguieron las indicaciones dadas por los secuestradores sobre el lugar en que había sido enterrado. Escarbaron y encontraron el cuerpo sin vida del arzobispo», precisó el religioso.
«No sabemos aún si murió por su mala salud o si fue asesinado. Los secuestradores sólo dijeron que había muerto», indicó.
El papa Benedicto XVI había denunciado en el rezo del ángelus, dos domingos seguidos, el secuestro «execrable» del arzobispo caldeo y expresado su «amargura» por este suceso que «afecta profundamente a la Iglesia». También había pedido su puesta en libertad.
«El Santo Padre espera que este trágico hecho refuerce una vez más y con mayor vigor el compromiso de todos, y en particular el de la comunidad internacional, para lograr la pacificación de ese país tan atormentado», declaró el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi.
«La violencia más absurda e injustificada se ensaña contra el pueblo iraquí y en particular contra la pequeña comunidad cristiana de ese país, a la que nos unimos con nuestra solidaridad y nuestra oración en este momento de gran dolor», agregó Lombardi.
El portavoz del Papa recordó que en el Vaticano se «continuaba esperando su liberación tal y como había sido solicitado tantas veces por el Papa».
De mayoría árabe sunita, Mosul es la capital provincial de Nínive, que se ha convertido en una de las regiones más peligrosas del país por ser uno de los lugares de mayor concentración de seguidores de la red Al Qaida.
Dos sacerdotes de diócesis de Mosul fueron secuestrados por nueve días en octubre pasado y en junio, un sacerdote y tres dicáconos fueron asesinados delante de una iglesia de la ciudad.
En enero del 2005, el arzobispo de Mosul, monseñor Georges Casmoussa, fue secuestrado por 24 horas.
La suerte de dos sacerdotes de la iglesia caldea, el padre Saad Syrop y el padre Douglas al-Bazi, raptados en agosto del año pasado y noviembre del 2006 en Bagdad aún se desconoce.
Antes de que fuera invadida por una coalición de tropas internacionales en marzo del 2003, la comunidad cristiana de Irak sumaba 800 mil miembros, es decir el 3% de la población, en un país mayoritariamente musulmán.
El papa Benedicto XVI lamentó el acto de «violencia que ofende la dignidad del ser humano» tras ser informado hoy de la muerte en Irak del arzobispo caldeo de Mosul, Faraj Rahou, quien se encontraba secuestrado desde el pasado 29 de febrero.
En un telegrama enviado al patriarca caldeo Emmannuel Delly III, el pontífice condenó el secuestro y la muerte del religioso y advirtió que ello «afecta gravemente la fraterna convivencia del pueblo iraquí».
El Papa elevó sus oraciones por el «pastor secuestrado al término de la celebración del Vía Crucis» y pidió que «ese trágico evento sirva para construir en la afligida tierra de Irak un futuro de paz».
El cadáver del arzobispo caldeo fue hallado cerca de Mosul, al norte de Irak, y aún no se sabe si fue asesinado por sus captores o si murió durante el secuestro debido a sus precarias condiciones de salud.
El arzobispo fue secuestrado por un grupo de hombres armados que asesinaron a tres de sus guardaespaldas.
El papa Benedicto XVI pidió en varias ocasiones su libertad y denunció el «execrable» secuestro del arzobispo caldeo.