Artí­culo en honor a la reina de los Alvarado, mi abue


Esta vez el tormento que conlleva el perder un ser querido fue distinto. Fue una amalgama de sentimientos encontrados que se peleaban por ganar territorio en mis ojos, obviamente ganaron las lágrimas. Voy a escribir este artí­culo en honor a mi abuelita que falleció hace un par de dí­as con un amargo sabor en la boca, porque me hubiese gustado entregárselo personalmente y bueno me queda la esperanza que con el susurro del viento, mi abuelita pueda escuchar mis palabras en el paraí­so.


Mi segunda carta celeste

Abue linda ¿cómo está? ¿Ya se despertó? Se mira preciosa y es que usted siempre ha sido muy coqueta y además el paraí­so le sienta muy bien.

Aquí­ seguimos los mismos, sólo que con distintos problemas, el principal de ellos es su ausencia. Nos va a costar mucho vivir si usted y sus bendiciones no están. Le cuento todo lo que pasó porque a usted siempre le gustó saber de todo.

Le mandaron una cantidad increí­ble de flores y mucha gente llegó a despedirse de usted. Todos tení­an algo bueno que decir sobre su persona y decí­an que el abue la vino a traer, yo tengo la certeza de que los dos están juntos.

Le agradezco por enseñarme la inmensidad del amor y darme una noción de lo que realmente importa. Su vida fue una gran enseñanza, ya que usted con su amor y ternura hací­a mover montañas, nunca necesitó alzar la voz para que le hicieran caso, ni pedir grandes cosas, a usted siempre le bastaron los besos y las caricias de sus hijos y nietos.

Mis palabras se miran ridí­culas a comparación de su grandeza.

Y me da nostalgia hablar de usted, porque el mundo perdió a una gran dama, a una hermosa reina que se preocupaba por todos y por todo.

Tuve la oportunidad de conocerla y más que todo, la oportunidad de amarla.

Sólo un favor le voy a pedir abue, no crea que la voy a dejar ir así­ por así­, necesito que en una noche baje de su trono y le dé un beso en la frente a mi tí­o Julio, a mi tí­a Julie, a mi tí­a Pity y a mi mamá. Y de paso nos marque una crucecita en la frente a todos sus nietos y nos regale un poquito de su magia.

La amamos mucho y siempre la vamos a recordar. La familia Alvarado está eternamente agradecida con Dios por habérnosla prestado.

Y no se preocupe, todos vamos a estar bien, váyase en paz.

Le da un beso al abue de nuestra parte y les agradezco a ambos por enseñarnos que sí­ existe el amor eterno.

La amo mucho, su nieto.

Guayito