Según la criminóloga, catedrática de la Universidad de Panamá, Carmen Antony García, en su estudio Violencia contra las mujeres privadas de libertad, la cárcel constituye una institución que conduce al deterioro y a la denigración de los seres humanos, más que a su reinserción social.
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Aunado a ello, los centros carcelarios no poseen una condición de rehabilitación suficiente para que la población recluida no se convierta en reincidente.
La experta considera que la prisión es mucho más dolorosa y estigmatizadora para las mujeres que para los hombres, debido al rol social que les ha sido asignado.
Muchas de ellas cometen el delito en defensa propia, producto de la violencia de género a la que están sometidas sistemática y cotidianamente.
«Nosotros decimos que la cárcel es uno de los últimos eslabones de la violencia contra las mujeres, porque después de un permanente sometimiento y violencia, comenten el delito en defensa propia», asegura Andrea Barrios, quien tiene amplia experiencia en trabajo con mujeres privadas de libertad.
Territorio de silencio
Las mujeres recluidas en centros carcelarios conforman una población altamente vulnerable a las problemáticas sociales y a la violencia en su contra, ejercida desde otros niveles.
La escritora Carolina Escobar Sarti, aduce que el encierro al que se enfrentan, representa un territorio desde donde están obligadas a reproducir el silencio y la cultura que las ha relegado a hablar de último o hablar menos.
«Las condiciones de encierro potencian las más grandes luminosidades, pero también las oscuridades más intensas», afirmó Escobar.
Según la escritora, la «prisión», es el símbolo del encierro más extremo, sin embargo, existen otros aislamientos a los que las mujeres se enfrentan: en sus casas, jóvenes que no se pueden expresarse, entre otras.
Por tal razón, considera que es necesario propiciar espacios y vías que posibiliten y canalicen la voz y las expresiones de las reclusas. Uno de ellos, es el empleo del arte como un medio para la rehabilitación o reinserción social de esta población.
«Esto tiene mucho sentido humano. El arte es revelación, posibilidad de decir, de crear, salir de los propios muros y prejuicios, para conectarse con los otros», indica.
Escobar estima que el empleo de este recurso representa un gran potencial para una rehabilitación más saludable, que los que tradicionalmente se conocen en el Sistema Penitenciario, ya que normalmente éstos son represivos o no son planificados con una visión a largo plazo.
«Estos espacios les permiten visibilizar para ellas otras rutas dentro y fuera de la cárcel, no las mismas rutas de la costura, cocina o hacer productos para vender, que les reportan ingresos – lo cual es muy bueno-, pero estos son nuevos espacios de pensamiento», refirió.
«El arte sana»
Es 23 de septiembre, víspera de la conmemoración del Día Internacional del Reo. El ritmo de las percusiones de Sandra Morán invade el recinto donde unas 200 mujeres de la prisión Santa Teresa, se entusiasman cuando Carolina Escobar comparte su poesía.
Las mujeres se levantan de sus lugares, toman los instrumentos y le piden a los músicos melodías, porque quieren bailar.
Hammy Campos entra en escena con una especie de danza que provoca risas nerviosas y un tanto apenadas de las mujeres.
«Era como si sintiesen vergí¼enza ajena, de quien nunca ha visto que otra persona use su cuerpo de esa manera. Vieron a una mujer que se movía libremente en el escenario, y fue como si se preguntaran ¿Cómo se atreve a usar de esa manera su cuerpo?», narró Carolina Escobar.
Esta experiencia es parte de una estrategia para despertar conciencia en las mujeres privadas de libertad, través de la creatividad y la autoexpresión, impulsada por el Colectivo Casa Artesana.
Según Andrea Barrios, representante del Colectivo, esta es la primera vez que se desarrolla la acción, con varias expresiones artísticas simultáneas: poesía, danza, teatro, música; en el centro Santa Teresa.
La entrevistada indicó que se decidió efectuarlo en ese lugar, porque son mujeres que están en prisión preventiva. Manifestó que su impasse jurídico y la pronta reinserción social es un punto fundamental, para que no sean reincidentes.
«El arte sana. Creemos que es una manera de encontrarse consigo misma. Es el contacto con la parte más íntima de las personas; el arte se convierte en una herramienta de trabajo, de lucha y de libertad», enfatizó Barrios.
Proyecto piloto
El trabajo en Santa Teresa inició en septiembre y finalizará en abril de 2009; el mismo cuenta con la aprobación de las autoridades del Sistema Penitenciario, quienes han facilitado el desarrollo del trabajo, según Barrios.
Además, señaló que dentro de la propuesta buscar validar la metodología de trabajo, la cual consiste en talleres de jornadas de ocho horas, donde las mujeres reciben el taller de formación artística, por la mañana y por la tarde lo ponen en práctica.
«Es una metodología que queremos evaluar para conocer su impacto, si este logra cambiar el estatus de las mujeres dentro de la cárcel, sí logran relacionarse de una manera diferente, sí ayuda a la buena convivencia», afirmó.
Asimismo, contó que elaborarán un manual que explique el uso de la metodología para que el personal del sistema penitenciario pueda tomar la experiencia y aplicarla con o sin su acompañamiento.
«Lo que queremos es aportar al Sistema Penitenciario una metodología distinta de trabajo con mujeres privadas de libertad, pero que también pueda aplicarse con otra población, como los jóvenes y los adultos», expuso.
Andrea Barrios,
experta
De acuerdo con el estudio Panorama de la situación de las mujeres privadas de libertad en América Latina, desde una perspectiva de género, en la mayoría de los países de la región la población recluida vive en condiciones de hacinamiento, poco acceso a la recreación, pocas talleres para trabajar y ausencia de espacios para guarderías.
El documento también denuncia que la atención médica que reciben las reclusas es inadecuada, ya que las prisiones no poseen espacios suficientes y apropiados para la atención médica de las embarazadas y lactantes, así como la falta de áreas donde se efectúen exámenes ginecológicos y obstétricos.
«La prisión para la mujer es un espacio genéricamente discriminador y opresivo, que representa una abierta desigualdad en el tratamiento que recibe», cita el informe.
La población de mujeres privadas de libertad, en el Sistema Penitenciario de Guatemala oscila entre las 400 y 500 reclusas.
El proyecto «Arte y expresión de mujeres privadas de libertad», también pretende la publicación de un libro con la poesía de las mujeres privadas de libertad y un disco con los poemas musicalizados por cantautoras o intérpretes vinculadas al movimiento de mujeres; también se incluirán en el libro, ilustraciones hechas por ellas.
Carlina Escobar comentó que las mujeres fueron muy efusivas cuando escucharon «Amor prohibido», uno de sus escritos.
«Lo que las apasiona son los poemas de amor, les encantan más que cualquier otra cosa, suspiran, y dicen cosas cuando lo escuchan», narró.
La escritora asevera que «Salir de la cárcel tiene muchas más vías que la puerta de la misma prisión. La creatividad vía de la expresión y manifestación artística, representa una puerta para emerger de la cárcel y en ese sentido le veo mucho potencial al proyecto», puntualizó.
Textos compartidos con las mujeres privadas de libertad, de la escritora Carolina Escobar Sarti.
Poema uno:
Cerradura
Comienza mujer
por escribir en los muros
con las uñas.
Para salir de prisión
basta recordar
la palabra
la mano
la cerradura.
Día tras día mide
el tamaño de tu cárcel
recorre
el suelo por sus esquinas
pon la mirada
más allá del miedo.
No hay lápiz
ni espejo.
Olvida mujer
el ojo del carcelero.
La puerta
tiene cerradura
y hay viento del otro lado.
Poema dos:
Si la sangre fuera transparente
sería menos malo
matar.
Ningún rostro llovería sangre
ni aquél de la corona de espinas.
El cuchillo no delataría al asesino
y el cadáver no parecería muerto
sino sólo dormido.
Si la sangre fuera transparente
la vida empezaría
de otra manera.
Vida y muerte
serían menos
«tema».
No habría un pañuelo blanco
haciendo de soplón de virginidades
ni cuatrocientos ochenta meses
para recordarme que soy mujer.
Si la sangre fuera transparente
no habría sangre azul
y nuestra carne toda
olería igual.
PERO LA SANGRE ES ROJA
dulce
vengativa
caliente
escandalosa
y feroz.
No transparente.