En diciembre del año 2010, el Banco de Guatemala, con una arrogante pretensión profética, y con mágica precisión, ansiosa de infinitas fracciones decimales, calculó que durante el año 2011, el Producto Interno Bruto de nuestro país crecería por lo menos en 2.6%, y por lo más en 3.2%. En diciembre del año 2011, calculó que durante el año 2012, ese mismo producto crecería por lo menos en 2.9% y por lo más en 3.3%.
¿Cómo sabe el Banco de Guatemala cuál será la tasa de crecimiento económico del país, durante un año próximo? ¿Lo sabe porque los banqueros informan sobre la cantidad de crédito que otorgarán? Si es así, sabe cuánto dinero probablemente prestarán los bancos; pero no sabe en qué proporción crecerá la economía. ¿Lo sabe, entonces, porque algunos inversionistas informan sobre la cantidad de dinero que invertirán? Si es así, sabe cuánto dinero probablemente invertirán esos inversionistas; pero no sabe en qué proporción crecerá realmente la economía.
¿O lo sabe porque, a partir de un ficticio crecimiento económico durante años anteriores, calcula una tasa de crecimiento futuro? Si es así, sabe cómo calcular una cifra sobre el futuro de crecimiento económico, que es tan ficticia como ficticias son las cifras de crecimiento histórico en el que se fundamenta el cálculo; pero no sabe en qué proporción crecerá realmente la economía.
El Banco de Guatemala no puede saber en qué proporción crecerá (o no crecerá) la economía de nuestro país, porque es imposible saberlo. Hay tres causas primordiales de esa imposibilidad. La primera es que ningún ser humano, o ningún grupo de seres humanos, puede saber cuál es la clase y cuál es la cantidad de bienes producidos, intercambiados o consumidos en cada segundo, minuto, hora o día. La segunda es que ningún ser humano, o ningún grupo de seres humanos, puede saber cuál es, en cada segundo, minuto, hora o día, el precio de los bienes producidos, intercambiados y consumidos. La tercera, conexa con la primera y la segunda causa, es que ningún ser humano, o ningún grupo de seres humanos, puede saber cuál es, en cada segundo, minuto, hora o día, la variación de la oferta, la demanda y los precios de los bienes, provocada por el cambio constante de valoraciones, elecciones y decisiones de los agentes económicos
La pretensión del Banco de Guatemala (es decir, la pretensión de calcular la tasa de futuro crecimiento económico anual del país) es semejante a la pretensión profética de la astrología. La diferencia consiste en que, para consumar su pretensión profética, el Banco de Guatemala no acude a la posición y el movimiento de los astros sino a cálculos estadísticos, que son tan útiles como útiles son los ambiguos vaticinios de la charlatanería astrológica.
Similar es la pretensión de la Comisión Económica para América Latina (que pretende saber la tasa de crecimiento futuro anual de la región latinoamericana), o del Banco Mundial (que pretende saber la tasa de crecimiento futuro anual del mundo). Empero, si es imposible saber cuál será el crecimiento anual de la economía de una nación, igualmente imposible es saber cuál será el crecimiento anual de una región geográfica, o el de la economía mundial.
Post scriptum. Si alguien tuviera el saber necesario para calcular la tasa de futuro crecimiento anual de una nación, o de una región geográfica, o del mundo, ¿cómo comprobar, transcurrido ya el año, que el crecimiento que realmente hubo fue el crecimiento que había sido calculado? La comprobación sería imposible, y entonces el cálculo sería absurdo.