El ciclista estadounidense Lance Armstrong insistió hoy en que la tormenta mediática que ha desatado su intento por conseguir una octava victoria sin predecentes en el Tour de Francia no le distrae en su lucha por el maillot amarillo.
Después de cada etapa, una nube de periodistas y equipos de televisión rodea el autocar de su equipo, el Astana, sin ahorrar empujones para no perderse una palabra de lo que pueda decir el corredor de 37 años, que el jueves corría la sexta etapa en España, entre Gerona y Barcelona.
Aunque nunca dio positivo, a Armstrong siempre le persiguieron las sospechas de dopaje y ahora, al volver a competir tras más de tres años de retiro, asegura que quiere contribuir a dar una imagen positiva del ciclismo a pesar de los escándalos de los últimos años.
«Creo que tenemos la obligación de contar una bonita historia del Tour y hay muchos periodistas en esta sala de prensa que quieren contar una fea», declaró Armstrong.
«Así que, si los corredores se quedan en el autobús y no bajan a hablar de la carrera, siempre habrá quien hable de una teoría de la conspiración (…) Es mejor salir y hacer declaraciones. Yo siempre he tenido una relación de altibajos con la prensa», explicó.
En cualquier caso, muchos pueden alegar que Armstrong siempre se esforzó por evitar hablar a la prensa durante su reinado de siete años en el Tour (1999-2005), sobre todo en el último tramo, cuando siempre le acompañaba un guardaespaldas.