Armenia, una ex república soviética minada por la pobreza, elige el sábado su Parlamento en unas elecciones en las que los partidos pro-gubernamentales parten como favoritos y que constituyen el último gran examen electoral antes de las presidenciales de 2008.
Más de 20 partidos pelearán por los votos de los 2,3 millones de electores convocados para renovar los 131 escaños de la Asamblea Nacional.
El Partido Republicano en el poder y la formación «Armenia Próspera», fundada en 2006 por el millonario Gaguik Tsarukian, aglutinan cada uno un 30% de las intenciones de voto, según los últimos sondeos.
Del resto de las formaciones, sólo tres tienen posibilidades de superar el 5% de los votos necesario para entrar en la cámara.
Estas elecciones constituyen un doble reto para el primer ministro, Serge Sarkisian, decidido a revalidar la mayoría del Partido Republicano y a ganar puntos de cara a las presidenciales, donde aparece como gran favorito para suceder a Robert Kocharian.
La Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE), que criticó los comicios anteriores, envió 300 observadores para la cita del sábado.
Estados Unidos y la Unión Europea, principales proveedores de ayuda a Erevan junto a la diáspora Armenia, advirtieron por su parte que unos comicios fraudulentos tendrían consecuencias negativas en ese ámbito.
La oposición está convencida de que habrán fraudes para garantizar la victoria del Partido Republicano y advirtió que en ese caso organizará manifestaciones masivas.
«Si las elecciones son fraudulentas, lucharemos por todos los medios posibles (…) Recurriremos al poder del pueblo que quiere vivir en un país libre y democrático», aseguró Artur Bagdasarian, líder del partido El País de las Leyes (8% de las intenciones de voto).
Estas elecciones no están exentas de paradoja: el país es favorable a cambios radicales, pero los electores parecen poco movilizados y la oposición profundamente dividida, una situación que favorece a los partidos en el poder.
Desilusionados, muchos armenios no irán a votar el sábado.
«Los armenios quieren cambios pero no creen que su participación en la vida política pueda dar resultados», resume el analista político independiente Alexandre Iskandarian.
De los tres millones de armenios, más del 30% vive con menos de dos dólares diarios.
Los dirigentes gubernamentales destacan por su parte el fuerte crecimiento del país, del orden del 10% anual. Pero esta riqueza sólo beneficia a un círculo restringido cercano al poder, según la oposición de este país independiente desde 1991.