Argentina, con un impresionante Luis Scola, y Estados Unidos, guiada por Kevin Durant, parten como favoritos mañana para sellar su billete a las semifinales del Mundial de básquet de Turquía, donde se verán con Lituania (12:00) y Rusia (9:00, horas de Guatemala), respectivamente.
En caso de coincidir, se reeditaría en Estambul la semifinal olímpica de hace dos años en Pekín, donde los norteamericanos se impusieron por 101-81 a la albiceleste, cortándole así el paso en el intento de revalidar la medalla de oro conseguida cuatro años antes en Atenas.
Tras su brillante triunfo sobre Brasil el martes en octavos (93-89), Argentina, apenas sin descanso, se verá el jueves en el cierre de los cuartos con los lituanos, que llegan al duelo avalados por su condición de invictos, habiendo ganado incluso a España en la primera fase (76-73).
El ala pívot de los Houston Rockets Luis Scola, máximo anotador del torneo y autor de 37 puntos ante la «Seleí§ao» en octavos, volverá a ser el principal arma del equipo para desactivar a un combinado lituano que ha ganando todos sus partidos, incluida una gran remontada ante la campeona mundial España (76-73).
Por ello, aunque algunos ven a los bálticos más asequibles que los brasileños, en el equipo ya han pedido cautela y máximo respeto para un rival que a pesar de la pequeña talla del país es un «grande» desde hace años en el básquet internacional.
«Es un equipo muy joven. No vamos a relajarnos. Creo que es un rival duro, quizá no tanto como Brasil, pero va a ser duro, a estas alturas del torneo todos los rivales lo son», subrayó el alero Carlos Delfino sobre los lituanos.
En el equipo preocupa precisamente la excesiva dependencia de sus estrellas Scola y Delfino, pero también se recuerda que el equipo ha rendido a alto nivel como bloque cuando ha sido necesario y que hombres como Pablo Prigioni o Hernán Jasen también han respondido cuando se necesitó su aportación.
Desde el Mundial-2002, donde el equipo se colgó la plata, el equipo siempre ha llegado a semifinales en las grandes citas (Juegos Olímpicos y Mundiales) y en caso de hacerlo también esta vez repetiría la actuación de hace cuatro años en Japón, cuando cayó ante España por apenas un punto (75-74).
El obstáculo se llama Lituania, un equipo que llegaba al torneo con importantes bajas, como casi todos las selecciones, pero que ha contado con Linas Kleiza y Mantas Kalnietis como hombres clave para conquistar el liderato del grupo D primero y para superar a China en octavos después (78-67).
En el primer partido del día, Estados Unidos y Rusia decidirán otro de los semifinalistas, en un partido con cierto sabor a los míticos duelos pasados de norteamericanos y soviéticos, pero en el que los primeros parten ahora como clarísimos favoritos.
Kevin Durant, figura de los Oklahoma City, está siendo uno de los máximos anotadores del torneo y la estrella del «Team USA» en Turquía, aunque Chauncey Billups y Eric Gordon también están rindiendo a un gran nivel.
«Estoy muy contento con cómo jugamos, con nuestra motivación. Hemos sido una gran versión de nosotros mismos», comentó muy contento tras la victoria sobre los africanos el lunes, confiando en continuar en esta línea durante toda la semana, hasta la gran final del domingo.
Los ganadores de los dos cuartos de mañana se verán el sábado en una de las semifinales de Turquía-2010.
Casi 40 años después de uno de los partidos de básquetbol más polémicos de la historia, Estados Unidos y Rusia se ven las caras el jueves en cuartos de final del Mundial de básquetbol, con el técnico norteamericano de los segundos, David Blatt, como testigo de excepción.
El actual DT de los rusos era un niño cuando se disputó aquel encuentro y, con 13 años, lloró desconsolado ante el televisor.
Con la Guerra Fría ya en el olvido, las relaciones entre los dos países han perdido la tensión de antaño, pero la rivalidad sigue conservándose tras sus duelos míticos en las canchas de básquet.
El 9 de septiembre de 1972, en los Juegos Olímpicos de Múnich, el mundo asistió a uno de los episodios más claros de esta rivalidad, cuando los soviéticos consiguieron la primera derrota olímpica de los estadounidenses tras siete medallas de oro consecutivas.
El desenlace de aquel partido (51-50) estuvo marcado por tres últimos segundos de auténtica locura… y polémica.
Estados Unidos ha rechazado siempre recibir aquella medalla de plata, estimando que se les robó el triunfo, y el incidente ha inspirado varios libros y películas, que no han hecho sino alimentar la leyenda.
«Era un gran aficionado de básquet estadounidense y no sabía ni siquiera que el básquet europeo existía hasta ese partido», cuenta Blatt, un israelí-estadounidense que no imaginaba que algún día llegaría a entrenador a Rusia.
«Crecí en Framingham, en Massachusetts, con la idea de una malvada Rusia. Y aquí estoy, dirigiendo al equipo de Rusia contra Estados Unidos en cuartos de final de un Mundial. Es algo realmente raro. Espero que los jugadores estén menos confusos que yo», reconoció.
Una historia increíble y pintoresca, pero como la vida de este DT trotamundos, que a sus 51 años es uno de los más cotizados en Europa. Llevó a Rusia al título europeo de 2007 en Madrid y este ex alumno de la universidad de Princeton ha dirigido también a clubes como el Maccabi de Tel Aviv, el San Petersburgo, Treviso, Efes Estambul o Salónica.
Después de este Mundial dejará su cargo en el equipo y pasará a ocupar el banquillo del Maccabi en su segunda patria, Israel, donde terminó su carrera como jugador.
Derrotar a Estados Unidos, 38 años después de haber llorado por la derrota de Múnich, no dejaría de ser una ironía del destino. «Tengo tendencia a ser realista, va a ser complicado porque los estadounidenses son grandes, agresivos, juegan duro y tienen hambre de victoria», señaló.
Sobre el papel, los rusos, privados en este Mundial de sus estrellas Andrei Kirilenko y JR Holden, parecen casi sin opciones, pero el básquet ha deparado históricamente un espacio para las sorpresas.
«Detesto decir esto como estadounidense, pero en 1972 los rusos tenían razón», llegó a decir en Estambul el niño que lloró ante la televisión por la derrota de su país.