Argentina honra y se honra


El ex presidente de la República de Argentina, Néstor Kirchner, esposo de la presidenta Marí­a Cristina Fernández de Kirchner, falleció en el hospital de la ciudad patagónica de Calafate, debido a un ataque cardí­aco, el dí­a jueves 29 de octubre, estando a su lado su cónyuge.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

A partir de ese momento, las muestras de duelo de un elevado porcentaje de argentinos iniciaron su expresión. Sus restos mortales fueron velados en capilla ardiente por 26 horas consecutivas en la Casa Rosada, sede del Ejecutivo, quien decretó tres dí­as de duelo nacional.

Al fallecer, Néstor Kirchner tení­a 60 años, habiéndose licenciado en Derecho en la Universidad Nacional de la Plata, en 1976; ingresando en la década de los setenta, tanto él como su esposa, al Partido Peronista. Fue intendente (alcalde) de Rí­o Gallegos en 1987, gobernador de la Provincia de Santa Cruz, en 1991; constituyente en 1993; fundador de la corriente peronista dentro del Partido Justicialista, en 1996; presidente de la República Argentina a partir de 2003; presidente del Partido Peronista en 2008; y diputado por la Provincia de Buenos Aires, a partir de 2009. A principios de 2010 se le elige secretario general de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).

Su muerte, es algo similar a lo que fue el rescate de los 33 mineros en Chile, evidencia como un gran número de argentinos lo honran, reconociéndole que durante su gestión como presidente realizó tres importantes tareas: pagó la mayor parte de la deuda externa a los organismos internacionales, utilizando las reservas del paí­s; creó numerosos empleos y mejoras salariales que le permitieron a muchos argentinos reincorporarse a la clase media y abrió el interés de la juventud argentina en participar en la polí­tica partidaria.

A sus honras fúnebres asistieron los presidentes de Chile, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay, evidenciando su liderazgo internacional, presidentes que en todo momento manifestaron no sólo su dolor sino el reconocimiento a un hombre que levantó la dignidad de su paí­s y no le reconoció subordinación a los poderes fácticos nacionales o internacionales como lamentablemente sucede en Centroamérica y en otros paí­ses.

Las honras y honores que se le otorgaron son un ejemplo digno de ser emulado por todos y cada uno de los latinoamericanos y de los gobiernos que presiden nuestros paí­ses. Qué contraste con lo que acontece en nuestra latitud y en nuestro paí­s donde, independientemente de la tendencia polí­tica que pueda haber tenido, se le negaron los reconocimientos fúnebres al presidente Kjell Eugenio Laugerud Garcí­a, a diferencia de la actitud que el gobierno que presidiera Alfonso Portillo tuviera al fallecer Ramiro de León Carpio y Carlos Arana Osorio.

A una persona al fallecer debe reconocérsele la dignidad que ostentó, no su tendencia polí­tica. La persona que ha sido electa como presidente o vicepresidente ya se encuentra en la historia, lo mismo podemos decir de quien haya fungido como presidente del Organismo Legislativo y Judicial. Sólo honrando podemos esperar que nuestro paí­s vaya cobrando un crisol de su historia. La mezquindad, el egoí­smo, especialmente en la muerte, es algo que en el presente y en el futuro los guatemaltecos debemos descartar y repudiar. Como dijera José Martí­, honrar honra.