Brasil quiere otorgar unilateralmente concesiones comerciales a Paraguay y Uruguay, pero Argentina las cuestiona pues cree que violarían normas del Mercosur y expondrían a la región a una invasión de productos extranjeros.
El asunto centró los debates previos a la cumbre del Mercosur que sesiona hoy y mañana en Río de Janeiro, pues las iniciativas brasileñas apuntan a calmar a Uruguay y Paraguay, los dos socios menores, disconformes con un bloque que estiman que hace tiempo dejó de beneficiarlos.
La polémica atañe a dos medidas: una suprimiría el arancel que esos países le pagan a Brasil cuando le reexportan productos fabricados fuera del Mercosur; la otra reduciría la cantidad de componentes nacionales que un producto procedente de Paraguay o Uruguay debe tener para circular en la zona con beneficios arancelarios.
El canciller brasileño, Celso Amorim, llamó a actuar con «generosidad» y advirtió, tras conocer las objeciones argentinas, que «muchas veces el rechazo de una solución que no es ideal puede representar una traba innecesaria» a la búsqueda de soluciones.
Pero el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Argentina, Alfredo Chiaradia, advierte que esas medidas «conspiran contra el objetivo central del Mercosur, que a nuestro entender es el de mejorar la integración productiva de sus socios y no facilitar la importación de insumos de extrazona».
Un gesto unilateral, aunque motivado por buenas intenciones, «estaría violando una decisión del Mercosur», pues los asuntos referidos remiten a decisiones del Consejo Mercado Común (instancia formada por los ministros de Relaciones Exteriores y de Economía del bloque), dijo el funcionario argentino.
El canciler uruguayo, Reinaldo Gargano, indicó que su país va a aceptar la propuesta de Brasil; «nosotros creemos que es positiva», afirmó.
También la consideró «positiva» el ministro uruguayo de Economía, Danilo Astori, aunque dijo que «no es una solución» pues «no arregla el problema fundamental que es la falta de acceso al mercado ampliado». Y coincidió con Chiaradia en que debía ser aprobada por los demás países del Mercosur, pues de lo contrario serían necesarias «modificaciones estatutarias importantes».
Amorim admitió que las objeciones podrían provocar algún retraso en la modificación de las normas de origen, pero se dijo menos dispuesto a dar marcha atrás en la supresión de la cobranza del doble arancel, alegando que ésta sería una mera anticipación, pues está previsto que el Mercosur la elimine totalmente en 2009.
El doble arancel parece una aberración en una unión aduanera, pero persiste entre otras cosas por los importantes recursos fiscales que procura a Paraguay, un país sin fronteras marítimas. Por eso Brasil quiere suprimir su cobro de inmediato, sin exigir reciprocidad.
«Brasil está dispuesto a hacer las concesiones unilaterales. Algunas de ellas, para ser efectivas tienen que tener el acuerdo de Argentina de alguna manera, porque puede ser perjudicada en algún caso», admitió, aunque dijo que esos daños eran solamente «teóricos».
En cuanto al fin del doble arancel, «estamos decididos a hacerlo. Claro que aquello que lo que podamos hacer con el respaldo del Mercosur es mejor, porque hasta facilita la operación interna», dijo el jefe de la diplomacia brasileña.
«Pienso que la anticipación de la eliminación del doble cobro del Arancel Externo Común no crea distorsiones; al contrario: elimina una distorsión», insistió.