Arduos desafí­os del presidente Mauricio Funes


 Aunque el 15 de marzo pasado obtuvo la victoria electoral con alrededor del 52 % de los votos, durante las semanas siguientes la popularidad del presidente salvadoreño Mauricio Funes ha alcanzado la aceptación del 82 %, probablemente como consecuencia de que el novato mandatario ha mantenido un discurso conciliador y ha formado un gabinete de gobierno pluralista, que posiblemente no satisfaga las exigencias de los más radicales del Frente Farabundo Martí­ para la Liberación Nacional, el partido que lo postuló y que se integró a la vida polí­tica después de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, que pusieron fin a 12 años de guerra civil.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

De acuerdo con despachos de prensa, especialmente de la agencia IPS, la victoria de Funes es muy sui géneris, puesto que fue un triunfo del FMLN y una especie de «Frente Amplio», en el que participaron activamente tanto «Los Amigos de Mauricio», un grupo de poder económico de gran peso en las capas medias y altas de El Salvador reunido en torno a la figura del periodista Funes, como diferentes organizaciones de un variado espectro ideológico de la sociedad civil.

Sin embargo, la alianza de estos grupos con el FMLN no implica que el nuevo Gobierno vaya a continuar el modelo neoliberal del partido Arena, que se mantuvo en el poder durante 20 años, toda vez que, como lo sentenció el mismo presidente Funes en su discurso de toma de posesión, garantiza que el régimen instalado el pasado lunes «no será de privilegios de familias, de abuso de clientelas y de los vicios de padrinazgos sombrí­os», calificando a sus antecesores que haber sido complacientes con la corrupción y cómplices del crimen organizado.

Con la consigna de «vencer la pobreza, el atraso polí­tico, la marginación, la desesperanza y la falta de perspectiva para la juventud», el presidente Funes recibe un paí­s en crisis, con déficit fiscal de por lo menos 500 millones de dólares, pero que podrí­a alcanzar los 1,200 millones al finalizar este año, equivalente a una tercera parte del presupuesto nacional, que asciende a US $3,627, además de que las cifras oficiales señalan que el 40 % de los 5.8 millones de salvadoreños viven bajo la lí­nea de pobreza, a la vez que se registra un 8 % de desempleo de la población económicamente activa y 43 % de subempleo, integrado mayoritariamente por salvadoreños que sobreviven de las ventas ambulantes.

Para hacerle frente a estos desafí­os, el Gobierno del FMLN deberá invertir 474 millones de dólares durante los próximos 18 meses, a fin de crear cien mil empleos directos, como lo anunció Funes, para iniciar el proceso de una «revolución pací­fica, democrática y ética», teniendo como referente al Gobierno brasileño del presidente Lula da Silva; pero, simultáneamente, acordó el restablecimiento de relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con el régimen de Cuba.

Una de las causas que ha generado confianza y ha disipado dudas entre las capas conservadoras de El Salvador, ha sido la nominación del gabinete, que incluye a ministros calificados de «moderados», en un 60 %, y a los considerados como «duros», con el 40 %, provenientes de las filas del FMLN, cuyo equilibrio está en las manos del presidente Funes, para enfrentar con madurez los retos que se le presentan.

    (Un salvadoreño que tiene muchos años de vivir en Guatemala se queja con Romualdo Tishudo: -Mi mujer se fue de la casa hace un mes y no he podido dormir bien. -¿Tanta falta te hace?, pregunta mi compadre. El ojeroso repone: -Es que se llevó la cama).      Â