A las 9:30 a.m. la distancia entre las dos flotas, la flota de Napoleón y la de Nelson era de 5.9 millas, la Victory navegaba a una velocidad de 3 nudos. Al sur, la otra columna británica al mando del Almirante Collingwood en el Royal Soveraigne fue la primera en aproximarse a la flota franco española. Al entrar en contacto las dos divisiones británicas, la de Nelson rompiendo por el centro pasó entre la formación en línea de la flota enemiga y se provocó una aglomeración de navíos barridos por las olas, la intensidad del combate fue creciendo acompañada por los gritos de los que comandaban y las explosiones de los cañones barriendo desde corta distancia las cubiertas.
El silbido de las balas de los mosquetes rebotando sobre el metal o haciendo impacto en los cuerpos de los hombres y el lamento de los heridos como música de fondo, acompañaba la acción. El fuego era tan intenso que estimando una racha de disparos de la artillería franco española cada noventa segundos, producidos por 37 cañones, haría que la Victory navegara durante un cuarto de hora a través de una cortina de plomo. La maniobra suicida de Nelson sobrecogió a los espectadores cumpliéndose lo que había dicho al poeta John Keats un tiempo atrás: «Ellos no pueden saber lo que voy a hacer, y así fue: la confusión y el caos que provocó fue su método de batalla».Por ello escribió el historiador francés Julianne de La Ggraviere, el genio de Nelson fue haber comprendido nuestra debilidad.
En las cubiertas inferiores y en la cabina donde eran trasladados los heridos se sumaban al lamento de éstos, los chillidos de las cabras y los cerdos transportados para alimentar a la tripulación. Al menos tres navíos abrieron fuego contra la Victory, muy al inicio el Cirujano Mayor fue alcanzado de lleno por una bala de cañón. El mástil y el timón fueron arrancados de cuajo mientras en las cubiertas Nelson y los oficiales eran blanco visible para los fusileros.
Entre las doce y las tres p.m., en sólo tres horas se decidió la suerte del mundo de aquel entonces, los gritos de los heridos continuaban clamando mientras los muertos que entorpecían el paso eran lanzados al mar, la sangre anegaba las cubiertas y los cirujanos no se daban tregua. En medio del fragor de la batalla, gritos de ¡Hurra! ¡Hurra! se escuchaban como festejando un encuentro, era la más humana de las formas de manifestar el miedo nadie se podía echar atrás; un grupo de jóvenes marineros junto al puente fusil en ristre tenían órdenes de disparar contra cualquiera que desertara de la batalla.
Los cañones de los buques de Nelson habían sido cargados con dos y tres balas cada uno, los hacía inefectivos a larga distancia pero a la cortedad en que se encontraban los barcos apareados uno contra otro, hacían estragos, al igual que los fusiles montados en las cubiertas sobre pivotes que permitían disparar con más efectividad de una nave a la otra. El Royal Sovereigne se estima que empleó en la batalla mil balas de 24 libras y 900 balas de 18 libras, un peso equivalente a 18 toneladas de hierro. A su paso, junto al Santa Ana de la flota española, mató a 240 hombres de los 800 de su tripulación mientras perdió 47 de la suya. Conforme la Victory se fue acercando al centro de la Flota Combinada había perdido 20 hombres y sufrido 30 heridos de importancia, otros 40 hombres trabajaban en las entrañas del barco para reparar la avería que destrozo el timón.
En aquella maniobra penetrando en medio de la flota franco española, la Victory dejó por un lado al Santísima Trinidad y al Bicentaure de la flota de Napoleón y flanqueado por el Conqueror y el Temeraire de su propia flota abrió fuego contra el Redoutable otro de los navíos franceses, hasta que colisionó contra él en etapa de abordaje. Aproximándose a la Victory, el Neptune de la flota francesa con sus 80 cañones hacía un daño enorme al barco de Nelson.
Todo esto sucedía a la una de la tarde cuando la figura de Nelson fue vista muy cerca del timón destruido de la Victory dirigiéndose a la cubierta mayor, la batalla había disminuido de intensidad y podía darse por ganada, el abordaje de más de uno de los barcos franceses y españoles se había iniciado . En ese momento Hardy el Capitán de la Victory vio como Nelson tropezó con algo en cubierta, trató de sostenerse con la única mano y cayó desmadejado. El lugar desde donde había sido herido estaba a unos cuarenta pies de la cubierta y bien podría haberlo herido un tiro directo o un rebote, la bala le había penetrado por el omóplato desviándose hasta la columna y seccionando la médula espinal.
,
Nelson fue bajado de cubierta mientras el Redoutable seguía causando daños al Victory, ambos navíos disparaban sus cañones a bocajarro y se disponían el asalto; en esos momentos tres mil hombres en cuatro navíos eran el centro de la acción.
En la Cabina junto con otros 80 más, Nelson yacía mortalmente herido y escuchaba los vítores de las tripulaciones cada vez que un buque enemigo enarbolaba la bandera y se rendía y con Hardy, el Capitán del Victory a su lado preguntaba por la batalla. Así entre sorbos de vino y agua vivió lo suficiente para saber que el Santísima Trinidad se había rendido, murió a las 4.30 de la tarde en los brazos del capitán Hardy encomendando a su amada Lady Hamilton y a su hija Horatia repitiendo: «Gracias Dios Mío por haberme permitido cumplir con mi deber»; ese día la flota perdió la alegría del triunfo y nadie quiso celebrar nada. El almirante Nelson murió tranquilo pensando que con esto estaba derrotado Napoleón definitivamente, no sabía que a principios de diciembre la Batalla de Austerlitz le daría al Emperador una gran victoria, sin embargo, el triunfo de Nelson en Trafalgar fue el factor más importante para salvar a Inglaterra.
Nota de corrección a la columna anterior: Trafalgar está en España, cerca de Cádiz