Apuntan a las leyes del mercado


Los dos laureados con el premio Nobel de Economí­a, Oliver Williamson y Elinor Ostrom, tienen en común unas investigaciones centradas en los fallos e imperfecciones del mercado, espina dorsal de la crisis actual.


«Los trabajos de los dos laureados toman como punto de partida la deficiencia de los mercados», observa Landis Gabel, profesor de economí­a del instituto internacional Insead de Fontainebleau y antiguo alumno de Oliver Williamson.

Recompensados este lunes, estos dos investigadores estadounidenses septuagenarios suceden a su compatriota Paul Krugman y, sin lugar a dudas, carecen del renombre de este acérrimo crí­tico con los años Bush y columnista del New York Times.

Pero la visibilidad de sus investigaciones cae en el momento preciso en que la recesión mundial hace estragos y en el que los desafí­os medioambientales ganan protagonismo, según los expertos.

Primera mujer en recibir este Nobel, Elinor Ostrom, profesora de la Universidad de Indiana (centro de Estados Unidos), destacó por sus investigaciones sobre los medios de compartir «bienes comunes» fuera de los mercados dominados por el sector público o las empresas privadas.

Su teorí­a, elaborada en sociedades agrí­colas en torno a los derechos de paso de los ganaderos, se extendió a continuación a escala internacional.

«Fue la primera en poner el acento en la gestión de recursos comunes que no pertenecen a nadie y que deben ser administrados colectivamente, como el agua, los bosques, las reservas de ganaderí­a o el pescado», recalca Martine Antona, economista del Centro de Cooperación Internacional de investigación agronómica para el desarrollo (Cirad).

Elinor Ostrom también fundó la International Association for the Study of the Commons, una asociación que registra las experiencias exitosas de gestión de recursos a través de la «autoorganización».

Según el comité Nobel, la laureada «puso en entredicho la idea clásica de que la propiedad común está mal gestionada y debe ser manejada por las autoridades públicas o el mercado».

Esta recompensa «cae en el momento preciso en el que el planeta debe gestionar los problemas de pesca intensiva y de calentamiento climático», estima Timothy Van Zandt, profesor del Insead. «Todos ellos problemas que plantean el tema de los recursos disponibles y del excesivo número de usuarios».

Premiado por «su análisis de la gobernanza económica», el segundo laureado, Oliver Williamson, profesor de la universidad de California de Berkeley (oeste), partió de una constatación: las transacciones que se desarrollan en el mercado pueden generar importantes costes vinculados sobre todo a los desacuerdos y conflictos que surgen.

Según su teorí­a de los «costes de transacción», una empresa puede salir beneficiada a nivel financiero dando preferencia a las alianzas a largo plazo, que pueden permitir resolver discrepancias a través del contrato, y abandonando las operaciones a corto plazo efectuadas en mercados con múltiples actores.

«Su trabajo no parte de la idea de que todo es perfecto en los mercados. Resulta incluso que es a la inversa», explica Landis Gabel.

«Se puede pensar que sus conclusiones son una reacción a los problemas que surgieron en las economí­as financieras» debido a la crisis económica mundial, agregó.

Otorgado desde 1969, el Nobel de Economí­a está dotado con 10 millones de coronas (970.000 euros) repartidos entre los laureados.