Los gobernantes latinoamericanos, preocupados por precedentes como el de Honduras, aprobaron la semana anterior la «Cláusula Democrática» que los compromete a excluir del sistema interamericano a los países en los que se produzca un Golpe de Estado. Creemos que es fundamental que exista un compromiso con la democracia en todos los países de la región, porque nuestra historia está plagada de antecedentes en los que se demostró la fragilidad de nuestras instituciones políticas.
La Historia está llena de cuartelazos como manifestación más directa de la ruptura del orden constitucional, pero también hay otros hechos y precedentes que tienen que preocupar ahora porque, a un siglo de distancia, se notan muchos empeños por repetir la construcción de dictaduras mediante argucias constitucionales como las que permitieron perpetuarse en el poder a individuos como Estrada Cabrera o Ubico.
Las tiranías que sufrió nuestro país, por ejemplo, en el siglo pasado fueron producto de manoseos a la Constitución para irrespetar normas que prohibían la reelección. Eso fue expresamente lo ocurrido con los dos tiranos ya referidos en el párrafo anterior, pero también en los casos de la llamada dictadura militar de 1970 a 1982, mediante la comisión de fraudes electorales se aniquiló la democracia en Guatemala sin que se diera una asonada militar.
En otras palabras, la Cláusula Democrática tiene que tomar en cuenta las particularidades de cada país, puesto que se puede romper el orden constitucional de muchas maneras, simplemente como ocurrió en Guatemala, sin que nadie protestara, cuando la Corte de Constitucionalidad permitió la inscripción del General Ríos Montt como candidato a la presidencia pese a la clara y contundente prohibición contenida en la misma Constitución por haber sido el caudillo de un golpe militar.
El respeto al Estado de Derecho tiene que ser absoluto y contundente, porque es el pilar de la democracia. Ciertamente ya acciones como la de Honduras, con el Ejército sacando de su casa al Presidente de la República para expatriarlo, son resabios anacrónicos que difícilmente se puedan dar. Pero es crucial atajar otras formas de manoseo constitucional, entre ellas formas como las implementadas en su momento por Fujimori en Perú y Serrano en Guatemala, que constituyen ejemplos relevantes de cómo desde el ejercicio del poder se puede violentar el orden constitucional.
Aplaudimos la preocupación, comprensible además porque es su puesto el que está en juego, de todos los mandatarios que en Argentina suscribieron la Cláusula Democrática, e insistimos en que los pueblos tienen que sumarse a ese interés para garantizar que desde ninguna posición, ni de fuerza militar o de manoseo político, se pueda jugar con las normas constitucionales como lo hicieron los Estrada Cabrera, Ubico, Arana, Laugerud y Lucas, además de Serrano.