Todos los años lo mismo. El apretecanuto tiene protagonismo por presidir las comisiones del Congreso. Jefes de bancadas, tanto la oficialista como las mayoritarias entran en abierta pugna. Sobre todo las que significan mayor preponderancia y son clave al aprobarse el presupuesto general de ingresos y egresos de la Nación.
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Ello por que viene a ser el control correspondientes, en el orden administrativo, más aún, en el de tipo político, objeto primordial de dichos afanes. Cuando se tiene la sartén por el mango, difícilmente dejan escapar esa coyuntura, razón por la cual hasta queman sus naves con miras a dirigir la orquesta en cada comisión.
En otro orden de ideas, dentro del recinto legislativo hace meses atrás los diputados eligieron Junta Directiva, también atinente al cargo de Presidente un miembro de la UNE tuvo escogencia. El resto en este mismo criterio lo distribuyeron en algunos partidos políticos con representación parlamentaria, relativamente.
De consiguiente vino a ser el primer acto desarrollado en el recinto del poder Legislativo. Sin faltar cuestionamientos, críticas y los indiscutibles dimes y diretes, a veces más tórridos, al borde de encuentros personales, a tono con la violencia imperante, cuyos reflejos alcanzan diversos segmentos ciudadanos.
Por lo tanto ahora los diputados, al inicio del 2009 que inició con el pie izquierdo llegaron con ímpetus renovados, deseosos como si fuesen a recibir herencia, a ocupar el mayor número de comisiones. De preferencia a presidir una de las tantas designadas en el parlamento, sin embargo al final comen ansias y anda más.
El mencionado apretacanuto obedece, nadie lo duda, en vista que el poder nubla a las personas y hasta concluyen por cambiar sus características y el perfil. Respecto al estado de cosas en el hemiciclo congresil, donde suspiran eternamente sus integrantes, ahora habrá dos nuevas comisiones, que en última instancia sirven de consuelo.
Referente al incremento aludido es oportuno destacar de inmediato, por aquello de las infaltables dudas y manejo objeto de reproches aquí y allá, que está a tono con el exagerado número de diputados. Razón por la cual se tilda puntualmente el hecho manifiesto de prevalecer el aspecto cuantitativo lejos del cualitativo.
Veremos qué pasa al correr del tiempo en el seno del Congreso de la República. Algo imposible de olvidar por parte de la población es el caso de resonancia imparable. Se trata del desvió millonario ocurrido el año recién pasado, consistente en la cifra impresionante de 8.8 millones, a la espera y aguarda del proceso de rigor.
Existen expectativas fuertes en torno al diario acontecer del Legislativo, atinente a una labor meritoria y activa por excelencia de todos sus integrantes. Resulta indispensable, urgente y necesario que con el mismo afán de elegir Junta Directiva y presidencias de comisiones, sea notorio en la agenda a desarrollar sin tropiezos.
El colectivo nacional tiene puesto sus ojos en el Legislativo, en el rol de electores y considerándolos también como sus representantes a la vez. De esa suerte confía en un desenvolvimiento con dedicatoria al bien común de los guatemaltecos. A sabiendas que se trata de un cuerpo eminentemente político tampoco es para llenar ese aspecto.
Hay intereses enormes de la ciudadanía, en el sentido manifiesto que se dediquen con ahínco y buena voluntad a resolver tantas cosas pendientes. El país no es una isla y por consiguiente es imposible que quede exento de la crisis económica que agobia a los habitantes, rumbo al despeñadero si no se toman medidas urgentes.