“ESTOY AGRADECIDO CON LA VIDA POR ESTE MOMENTO, SUBIR AL PODIO Y GANAR LA PRIMERA MEDALLA PARA MI PAÍS, QUE HA SUFRIDO MUCHO, ES ALGO ESPECIAL”. Con tus 21 años, tu tez morena y tu sonrisa blanca y diáfana, si nos mandaste a decir a los millones de ciudadanos que te vimos ganar y que lloramos de emoción y alegría. Erick Barrondo, de la aldea Chiyuc, escondida en una montaña de San Cristóbal Verapaz, con su padre albañil, trabajador y honrado, y su madre, vendiendo comida para ayudar en la casa, no sólo dio una medalla heroica al país, le dio un mensaje al país “que ha sufrido mucho” y esa región donde está asentada la aldea, es de las regiones que más sufrió.
Las Verapaces y El Quiché fueron hermanos cercanos del dolor junto con toda la nación y él lo sabía aunque no lo viviera, pero si supo de ese dolor intenso de Guatemala y quizás por ello ganó la medalla de plata.
Ya sobre Erick se ha escrito mucho, se ha hablado mucho de la hazaña conquistada con tenacidad y esfuerzo y como siempre solo, con la ayuda de unos pocos. Pero su mensaje trasciende. Él está agradecido con la vida por lo que logró, no le reclama su pobreza y algún desdén o burlas que en algún momento sufrió, ni tampoco el vivir en un rancho hasta que el año pasado, cuando ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos se le construyó una casita de madera y lámina. Ni tampoco esconde sus raíces, ni reniega de su condición. Y lo más importante son su familia y su novia. Una familia sencilla y digna y una muchacha cuya ternura e ilusión se notaban en sus ojos cuando observaba el televisor plasma de 32” que contrastaba con la que estaba encima de un mueble de hace unos 10 años y que don Bernardo, el patriarca, solo quiso encenderlo, el sábado, a las 10 de la mañana en punto, para ver a su hijo…
Ya ven ustedes políticos y funcionarios corruptos y holgazanes, ya lo ven los diputados, los jueces, los ministros, los de la “iniciativa privada” que ahora sí se gastan más de Q20 mil en una página de prensa para felicitar al chapín de la aldea, ya lo vemos todos nosotros que cerramos los ojos y nos tendemos en una cama de olvido para “no ver que nuestro país ha sufrido tanto”… Y lo peor mi querido patojo es que seguirá sufriendo, pero vos nos inundaste de alegría el corazón, y nos hiciste sentir, siquiera por unas horas, que este país algún día va a cambiar.
“ME VOY A SENTIR EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO SI ALGUIEN DEJA EL CUCHILLO, EL ARMA Y LO CAMBIA POR UN PAR DE TENIS PARA DEDICARSE AL DEPORTE”. Mirá qué belleza de pensamiento, qué nobleza de corazón, qué alma más especial, qué honradez y qué actitud la tuya Erick Barrondo. Hablaste con sencillez para decirle a los patojos como vos que ya no maten, que no busquen en el crimen un modo de vida, sino que se calcen los tenis y corran hacia adelante, buscando una patria sin tanto sufrimiento.
Te vas a sentir el hombre más feliz del mundo, si eso ocurre decís con tu espontaneidad de joven bueno y noble y eso lo pedís después de haber alcanzado una gloria jamás soñada en este tu país, que era suficiente para ser el más feliz del mundo, pero más lo serías, si se tiraran cuchillos y armas y se hiciera deporte. Que Dios te oiga y que aprendamos algo de lo que dijiste. Después de los homenajes y regalos seguí así, humilde y generoso.