«La contribución de la mujer a la sociedad no puede ni debe seguir en el silencio.»
Echando un vistazo de 360 grados a la contribución e impacto de la mujer en diversos ámbitos de la vida humana, conmociona el desparpajo, costumbrismo o indiferencia en el que se encuentra reconocer la importancia del aporte femenino.
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Hagamos este abordaje pasando solamente por algunas de las facetas participativas de la mujer. En el contexto familiar, como madre, una mujer desempeña roles que marcan la cultura en el hogar, determinan el perfil educativo de los hijos y las hijas, así como el estado saludable de quienes le rodean, que en suma, implica el perfil social del individuo. Sin percibir ingresos monetarios de manera directa en relación a su multifuncionalidad, están llamadas a estar presentes en el hogar los 365 días del año. Su buen desempeño se refleja en la calidad de vida de ella misma y de su familia, lo que se traduce en un modelo económico/social efectivo.
Si a este contexto se le suma su inserción al contexto laboral, la multifuncionalidad de la mujer trasciende la puerta de casa y llega al ámbito laboral. Esto la convierte en un agente económico cuyo ingreso medio equivale al 70% del ingreso de los hombres con las mismas funciones, según la Cepal. El Informe de Desarrollo Humano del PNUD, indica que el ingreso económico de la mujer se destina totalmente a la educación, salud y alimentación de los hijos, sobre todo en aquellos casos en los que las mujeres son jefas de hogar. Vemos entonces que la autonomía económica -que pareciera obtiene la mujer- siempre tiene detrás responsabilidades con un efecto positivo para mitigar la pobreza.
La inserción laboral de la mujer de hoy, aún manifiesta graves dificultades, pues la desigualdad de oportunidades para educación formal y/o la capacitación, le coloca en desventaja para competir en el mercado laboral. Y si a ello le agregamos la pareja y niños pequeños que debe cuidar, la historia se complica aún más, lo que la distancia de lograr un trabajo digno, decente y que le garantice una red de protección social.
La contribución de la mujer en los contextos antes mencionados es valiosa. Pensemos cómo sería si todas las mujeres tuvieran la oportunidad de ejercer su derecho a la educación y a la formación en un modelo de libertad, respetando desde luego sus aspiraciones personales. Está comprobado por un estudio econométrico de USAID, que a más años de estudio formal de una mujer, mejores son las condiciones individuales y colectivas en su entorno.
La dificultad de una inserción laboral adecuada se extiende a la vida ciudadana y a la esfera política. Pese a los avances de la segunda mitad del siglo pasado -en donde se alcanzaron diversos logros para la mujer- no podemos negar que tenemos una deuda generacional que debemos dejar saldada. Enfáticamente expreso que la contribución tangible e intangible de la mujer a la sociedad no puede ni debe seguir en el silencio, muchas ni siquiera saben qué tan importante es su rol. La contribución de la mujer no es mayor ni mejor a la del hombre, es sencillamente necesaria para completar la ecuación de una sociedad libre, con igualdad de oportunidades en la que subyace la equidad de género, el respeto y la paz -en la familia, en lo laboral y en la política pública-. De ahí por qué creemos en Más Mujeres Mejor Política.