A partir de hoy se cumple en la mayoría de empresas con el pago del aguinaldo anual y se inyecta una fuerte cantidad de dinero a la economía, lo que tiene gran efecto en el comercio que ha estado alicaído este año por la crisis, pero que siempre muestra signos de vitalidad en la época navideña. Pero así como los comercios esperan como agua de mayo que se pague el aguinaldo, los ladrones se alborotan y están ahora frotándose las manos porque a partir de hoy esperan aumentar sus ganancias al despojar de dinero y bienes a los ciudadanos desprotegidos.
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Hace algunas semanas se notó un incremento en la actividad de los delincuentes, especialmente los que se desplazan impunemente en motocicletas asaltando a los automovilistas, además de aquellos que asaltan a peatones para robarles el celular, relojes y cualquier tipo de pertenencias. Nuevamente se impuso la modalidad de robar en restaurantes, a donde entraban grupos más o menos numerosos de asaltantes para desvalijar a los parroquianos bajo la feroz amenaza de hacer uso de las armas de fuego. Llegamos al punto de vivir en un país en el que la sensación es de absoluta inseguridad y ausencia total de la autoridad porque a la hora de la hora nunca aparece un policía ni para remedio y la gente pierde sus pertenencias sin ninguna esperanza de que puedan recuperarse sus bienes o que los maleantes puedan ser detenidos y procesados.
Lamentablemente todo eso fue como un calentamiento de motores para lo que se nos viene ahora, puesto que la mayor circulación de dinero despierta la voracidad de los largos que andan buscando la forma de despojar a la ciudadanía honrada de sus pertenencias, especialmente de celulares porque saben perfectamente que esos aparatos son bien recibidos en el mercado negro y, lo peor de todo, fácilmente activados por las empresas telefónicas no obstante una ley que les impide hacerlo, pero es tanta la utilidad que genera el negocio que prefieren pasarse esa ley por el arco del triunfo, a pesar de que ello pueda significar riesgo cierto de muerte para las personas que son víctimas de los asaltos.
Y los largos lograron comprobar fehacientemente durante estos días de vísperas de aguinaldo que la Policía Nacional Civil está pintada, que no sirve para un carajo y que ellos pueden operar con la más absoluta impunidad y libertad para cometer sus fechorías. No hubo operativos para brindar seguridad a la población y prevenir los asaltos.
En estos días el Gobierno debiera recurrir a todos los medios a su alcance para lograr la seguridad ciudadana. Valdría la pena que se utilizara al Ejército en patrullajes en los sectores plenamente identificados para ahuyentar a los ladrones que ahora se pasean como chucho por su casa en busca de víctimas indefensas, porque la verdad es que se está alentando una generalizada sensación de que no queda otro remedio que el de hacerse justicia por propia mano y se ve con la proliferación de linchamientos que la gente está harta de la indiferencia de las autoridades frente a la criminalidad.
La época navideña debiera ser de felicidad, de paz y hermandad, pero se vuelve tiempo de zozobra porque alborota a los ladrones que gozan, si no de protección, de la indiferencia de nuestro gobierno.