Si Dios destinó un país para ser la fuente del robo, con protección divina, sin pecado que perseguir, con ángeles custodios, ciudadanos de hojalata y criminales dignos de suites principescas en lo alto, indudablemente ese fue Guatemala. Y si no lo creó Dios, entonces, para quedar bien con los otros, lo creó el Diablo.
Aclaremos que lo que hizo cualquiera de los dos personajes fue a la gente, no a la tierra que se explota y se convierte en un bien literalmente terrenal para que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres.
A cualquier parte que uno voltee encontrará la obra del demonio o la metida de pata de algún otro ser universal.
Vea usted. Desde tiempo del inolvidable asesino Lucas García, se le han dado a los transportistas urbanos, llamados autobuseros y algunos otros calificativos que no los digo porque me regañan los yoyistas del buen hablar, (como una anciana que solo habla de “yo” o un alto miembro de la Real Academia Española de la Lengua que en una pequeña frase de pocas líneas repitió tres veces la palabra logros), la nada despreciable suma de casi CINCO MIL MILLONES DE QUETZALES COMO SUBSIDIO, BAJO EL ENTENDIDO DE QUE MEJORARÍAN EL SERVICIO.
En lugar de mejorar lo empeoraron porque lo que se descompone jamás lo reparan para fregar todavía más a los pasajeros que son gente de estratos económicos bajos y medios. Es decir, los que siempre pagan el pato.
Ahora los camioneteros quieren subir el pasaje a Q5.50 porque el poco pisto que les hemos regalado no les alcanza, por lo que esa misma clase trabajadora y honesta tendrá que pagar, aunque mano de seda y su compañera del alma política digo, darán su mejor esfuerzo para seguir dándoles pisto de la ubre nacional, al igual que a las otras lacras que nos rodean como los diputados.
Los autobuseros amenazan con paralizar el transporte para joder a los pobres que no tienen bicicleta, mientras ellos son millonarios. Es decir, la población tiene que aguantar a los extorsionistas dentro de los cuales hay pilotos, brochas, e incluso los mismos mal llamados “empresarios”; la pésima calidad del servicio, la indiferencia del emperador Arzú y el Napoleón Pérez y la Josefina Baldetti, mientras nosotros tenemos que seguir aguantando este poder del Estado que se ha convertido en la peste bubónica que está acabando con todo.
Pérez y Arzú dicen que no permitirán el alza del pasaje, esto es o quedarán las naranjas peladas o se harán los que nunca supieron nada.
Fíjese usted lo que son las cosas, si se sube el pasaje los estudiantes harán relajo que para eso son doctores honoris con causa, los de a pié caminarán más, la clase media que tiene un vehículo pagará el alza de la gasolina y los funcionarios y los millonarios seguirán como que aquí en esta tierra que dudo si fue maldecida o bendecida con su gente, o al menos una parte de ella, no cambiará jamás y seguirá empeorando mientras ese monstruo llamado Ejecutivo, el Legislativo, con 61 tránsfugas cobardes y aprovechados, y el Judicial con la corrupción a cuestas, seguirán engordando con o sin subsidio, en tanto otros babosos como yo, llevamos días luchando por pagar unos impuestos aduaneros en la SAT porque NO SE NOS DA LA RECHINGADA GANA PAGAR MORDIDA.
Este es el mundo mágico de la tierra arrasada de pobreza y miseria de Juan Rulfo: 5,000 millones que ya tienen en su bolsa los autobuseros y más de 6 millones de gentes que se están muriendo de pobreza. ¿Y los funcionarios, muy felices y contentos por la Gracia de Dios?
NI SIQUIERA VERGÜENZA. Primero felicito al editorialista de Prensa Libre por su editorial del lunes sobre los 61 tránsfugas del Congreso. La dignidad, la honestidad, la simple vergüenza ya la perdieron estos cobardes y aprovechados de la política. Si se reformara la ley y se indicara que quien renuncie al partido que lo llevó al hemiciclo cesaría en su cargo, no habría collones y collonas buscando más pisto. Una vez soñé que quemaban el Congreso con todos adentro, que sueño más hermoso y dulce.