El giro en Estados Unidos respecto a la emisión de gases contaminantes que anunció el presidente Barack Obama cayó como anillo al dedo al gobernador «verde» de California Arnold Schwarzenegger, asfixiado por la crisis presupuestaria, alza del desempleo y sondeos a la baja.

El flamante presidente Obama pidió a la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por su sigla en inglés) que reexamine la posibilidad de conceder al estado de California (oeste), a la vanguardia en medidas ecológicas, el derecho a imponer sus propias restricciones a las emisiones de gases que causan el efecto invernadero emitidas por automóviles.
Schwarzenegger, que hizo campaña contra Obama hasta noviembre pasado, recibió el anuncio del nuevo Presidente con los brazos abiertos.
«Con este anuncio del presidente Obama, a menos de una semana del inicio de su mandato, empieza a ser evidente que California y el ambiente tienen ahora un fuerte aliado en la Casa Blanca», declaró el gobernador del estado estadounidense más rico y más poblado, pero también uno de los más contaminantes.
Y es que trata de una reivindicación de larga data de Schwarzenegger y que fue un punto conflictivo entre su administración y el gobierno de George W. Bush, aún cuando ambos eran camaradas del Partido Republicano.
California incluso llegó a presentar demandas contra la EPA por este caso.
Antes del arribo a la gobernación de Schwarzenegger, California votó en 2002 una ley que imponía a los fabricantes de automóviles una reducción de 30% entre 2009 y 2016 de las emisiones contaminantes de los vehículos, pero la EPA se negó a otorgarle la derogación necesaria para la puesta en marcha de estas normas.
En 2006 Schwarzenegger firmó una histórica ley para limitar la emisión de gases con efecto invernadero, convirtiendo al estado de California en el primero de Estados Unidos en tomar medidas frente al calentamiento global.
Según ese plan, California debe asumir medidas para reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 25% para el año 2020 y en un 80% para 2050, apegándose de esa forma al protocolo de Kyoto que la administración de George W. Bush se negó a ratificar.
Ahora el anuncio constituye una bomba de oxígeno para Schwarzenegger, que ha ganado popularidad por su defensa del medioambiente pero que en la actualidad atraviesa serios problemas de gestión.
Schwarzenegger no ha logrado que el congreso local adopte un presupuesto de crisis destinado a combatir un déficit de 42 mil millones de dólares que se prevee para 2010.
Mientras tanto, California está fuertemente afectada por la recesión y su tasa de desempleo subió a 9,3% en diciembre, casi el doble que en 2006 cuando el gobernador ex actor fue reelegido por otros cuatro años por una amplia mayoría.
Hoy por hoy su popularidad ha bajado aunque todavía tiene 42% de opiniones favorables, según un sondeo reciente del Instituto de Políticas Públicas de California (PPIC).
El tema medioambiental es el único en el que hoy en día Schwarzenegger puede dejar una huella, dijo Sherry Bebitch Jeffe, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad del Sur de California.
«El problema presupuestario va a opacar todo el resto» del legado político de Schwarzenegger, dijo la profesora sobre el gobernador que prometió al asumir el poder poner en orden las finanzas del estado, luego de la destitución de su predecesor demócrata en 2003.