Me uno felicitando a Erick Barrondo por su excelente participación en ganar la medalla de plata en los Juegos Olímpicos.
Alegra ver la cantidad de felicitaciones escritas y publicadas en los medios de comunicación, pero me surgen dos dudas en relación a ellas. ¿Será que cada una de esas empresas u organizaciones tienen algún reconocimiento adicional preparado para cuando regrese a Guatemala?
Recuerdo que cuando volvió a Guatemala la vez pasada, después de su éxito en el extranjero, no hubo mayor reconocimiento sino hasta después de llegar a su casa en la aldea Chiyuc de San Cristóbal Verapaz. La otra duda es ¿Cuántas de las empresas y organizaciones que lo felicitan ahora, le dieron su apoyo moral y o monetario antes de haber clasificado para ser parte de la delegación guatemalteca a las Olimpiadas y haber ganado la presea de plata?
Hace quince años cuando empecé a trabajar con equinos, me di cuenta de que mi papel no fue de dominador unilateral sino el de ser una pareja que hacía las cosas como un todo. Para que el caballo comprendiera lo que yo quería que hiciera, era necesaria una buena comunicación. Si la comunicación no era clara y precisa, reinaba una confusión que prohibía la realización de una acción esperada y por lo tanto no se lograba la meta establecida.
En cada paso del proceso para lograr el éxito, me di cuenta de que al equino le gustaba recibir una felicitación por sus logros. Así, cada vez más, se afinaba la relación entre mi persona y el caballo. Esa relación social demandaba un mayor respeto del uno hacia el otro. Sin eso no se puede trabajar en equipo.
Recuerdo que cinco meses después de nacer un potro, lo ofrecí en venta a unas personas pero al desmadrarlo, me di cuenta que era poseedor de un ejemplar equino extraordinario y lo retiré de la venta. Ese potro, ahora garañón, es la admiración de todos los que lo ven.
Quince años no es tiempo suficiente para entender todo sobre la acción conjunta de un equino con un ser humano porque esa relación es dinámica y siempre hay algo más que aprender uno del otro.
Lo anterior puede relacionarse a lo que el liderazgo requiere para realmente ser llamado liderazgo. El líder reconoce la potencialidad de un recurso humano o de la propuesta de una idea o proyecto presentado por otra persona. Por eso se llama líder, está delante de otros. Es interesante analizar las acciones de dos empresarios que tienen la misma preparación académica, los mismos beneficios de las empresas, el mismo puesto; todo por igual. ¿Por qué uno de ellos y su empresa tienen más éxito que el otro? ¿Cuál es la diferencia? Es creer en las personas que tienen el potencial creativo y la iniciativa para realizar exitosamente lo propuesto, al darles las oportunidades. Eso viene de conocer a su personal. ¿Cómo lo conoce? Mediante la comunicación clara y precisa que produce comprensión entre unos y otros. El respeto mutuo sale de esa comunicación abierta y se produce la confianza necesaria para trabajar en conjunto y lograr las metas establecidas.
En muchas empresas los empleados son evaluados severamente por no haber hecho algo en su departamento. Actitud castigadora más que educadora; mejor que aprendan de sus errores para mejorar sus actuaciones y recordar que una motivación positiva resulta ser más productiva.
El líder está en constante aprendizaje; resulta en la posibilidad de enseñar el camino manteniendo con su personal una relación dinámica con excelentes resultados. No hay dos líderes iguales; cada uno tiene su forma muy particular de usar estrategias en su posición de líder para lograr el éxito. Por eso no se puede definir liderazgo, es dinámico, no estático.