Es un viejo adagio que si la economía de Estados Unidos sufre de un resfrío, la nuestra padecerá una pulmonía, puesto que no solo hay una enorme dependencia, sino que nuestro nivel de vulnerabilidad es mayor porque los desajustes sociales existentes en el país complican mucho cualquier problema en el campo de la economía por las implicaciones que tiene para la vida de miles de familias que apenas si alcanzan el nivel de subsistencia y de otras tantas que ni siquiera a eso llegan.
El gobierno de í“scar Berger gozó de la ventaja de una economía mundial en expansión y fue hasta en el último año de su gestión que empezó a sentirse en el precio de los derivados del petróleo el impacto de una crisis que ahora se empieza a perfilar como muy seria. El crecimiento de las remesas familiares provenientes de la economía norteamericana ha sido el puntal de nuestra propia economía que ha descuidado el impulso a la productividad porque se nutre con el dinero que envían quienes emigran ante la falta de oportunidades y envían remanentes de su ingreso para ayudar a sus familias en el país.
Y eso hace aún más seria la situación, porque si era cierto el adagio cuando los efectos eran sobre todo por el impacto en las relaciones comerciales entre ambos países, lo que puede ocurrir cuando nuestros compatriotas puedan mandar menos dinero a Guatemala es de pronóstico reservado. No nos hemos ocupado de construir alternativas para cuando mermen las remesas y seguimos dependiendo en forma suicida de esa fuente de ingresos.
Si se confirma la recesión en Estados Unidos, que ya vaticinan muchos economistas para este año, es obvio que habrá reducción del empleo en ese país y que afectará a los guatemaltecos residentes allá porque si crece el contingente de norteamericanos desempleados, tendrán que ir buscando esas posiciones que ahora desprecian y que son las que asignan a los inmigrantes ilegales. Pero aún los que logren conservar su trabajo, tendrán que destinar una mayor porción de su salario para sobrevivir allá y limitarán sus envíos a Guatemala.
Eso sin incluir ingredientes como el impacto que en nuestra economía tiene el precio del petróleo que seguirá subiendo porque la demanda china va también en aumento y las petroleras no disminuyen su voracidad. Y si siempre hemos sido dependientes de Estados Unidos, con el Tratado de Libre Comercio nos amarramos más y los efectos que tendrá una baja de la capacidad de consumo allá serán devastadores para quienes creían que con el TLC iban a obtener enormes ganancias.
El equipo económico del nuevo gobierno tiene que trabajar horas extra para prepararse. Lo primero es entender que las remesas no son eternas y que hay que buscar ya fuentes alternas para cuando el chorro se vaya secando.