Ante la acusación de Rodrigo Rosenberg


Guatemala ha sufrido en las últimas horas una conmoción polí­tica que no tiene precedente en la historia del paí­s. Un profesional del derecho de altas calificaciones académicas, exitoso en el ejercicio de su profesión, padre de cuatro hijos, graba un desgarrador mensaje en el que advierte que si ese documento llega al público es porque fue asesinado y en el mismo sindica de ese crimen y del de otras dos personas, al mismo Presidente de la República, su esposa, el secretario privado Gustavo Alejos, el empresario Gregorio Valdez y a los altos ejecutivos de Banrural.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Por donde se quiera ver el caso es graví­simo y decir que la difusión de la declaración es parte de una conspiración no ayuda al Gobierno porque es obvio que el caso tiene que ventilarse. Cualquier denuncia relacionada con la violencia y la corrupción debe ser investigada con seriedad, pero cuando quien hace la denuncia afirma que ha sido amenazado y dice que aunque lo maten hará públicos los hechos, la dimensión que adquiere es impresionante y sacude hasta sus cimientos al paí­s y su sistema polí­tico.

Por principio no puede haber una investigación seria si los encartados gozan de inmunidad que impide a los órganos como el Ministerio Público o la misma Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala realizar las pesquisas correspondientes. En ese sentido, el Presidente de la República debió desde ayer comunicar la separación del cargo del señor Gustavo Alejos para que pueda ser investigado a fondo, sin la cortapisa de la inmunidad.

Para el gobierno del ingeniero Colom el mayor problema que enfrenta ahora es el de la credibilidad. Se contrasta su afirmación de que es una conspiración contra la democracia en el paí­s, con el hecho irrefutable y absolutamente conmovedor del asesinato de Rodrigo Rosenberg Marzano y, por supuesto, no hace falta mucho análisis para suponer a quién creerá la opinión pública.

El pasado domingo en la noche, durante el velatorio de Rodrigo, platicaba con Ricardo Castillo Sinibaldi y entre otras cosas comentamos que dramas como ese lo sufrí­an diariamente decenas de familias en Guatemala pero que como sociedad nunca reaccionábamos. Repetí­ mi criterio de que el nuestro es un pueblo con sangre de horchata y le decí­a a Cayo que en medio de tantos dolientes seguramente pocos dimensionaban cuán grave es la situación del paí­s y hasta donde nos ha llevado la violencia y ese absoluto desprecio a la vida. Lejos estaba de imaginar que Rodrigo habí­a dejado un mensaje, no obstante que he sido informado que entre los fólderes que preparó para entregar a varios de sus amigos y a algunos periodistas hubo uno para mí­, pero decidió no involucrarme para no comprometer de ninguna manera a mis hijos que trabajaban con él en el bufete.

Esta situación es una crisis polí­tica de gran envergadura que puede ser agravada por posturas irreflexivas de quienes ven conspiración alrededor de toda la trama y de quienes quieren ocultar la información por sus compromisos con el Gobierno. Se trata de una denuncia de tal envergadura que debe ventilarse con seriedad y repito que el primer paso es facilitar la investigación ya no del MP en el que nadie cree, sino tal vez de una CICIG que genera algo de confianza, pero que no podrá hacer nada si se enfrenta con el muro de la inmunidad de funcionarios que les garantiza impunidad. Por ello, Colom tiene que facilitar cuando menos que sea plena y totalmente investigado su secretario privado y para ello debe ser apartado del cargo.