Anotaciones hueseras y de tránsito automotor


D- Como dijera el filántropo y astrónomo Renhé Leyba Petatiú, en este paí­s de la eterna suceden hechos antes de que ocurran los sucesos más importantes. En otras palabras, no faltan quienes quieren repartirse el cuero y la carne antes de haber destazado la vaca. En este caso, una ternera electoral.

Eduardo Villatoro

Según las malas lenguas, que para el susodicho filósofo de Gerona y sus alrededores no deberí­an ponerse en duda, grupos de personas de indistintas profesiones universitarias y otra clase de individuos que carecen de credenciales académicas, han comenzado a pretender integrarse alrededor del candidato vicepresidencial Rafael Espada, de la Unidad Nacional de la Esperanza, en búsqueda de espacios, para contribuir a mejorar las condiciones socioeconómicas de Guatemala, y, si fuese lejanamente posible, sus personales necesidades de la misma naturaleza. Al parecer, esos pequeños pero activos grupos llegaron tarde a los terrenos del presidenciable ílvaro Colom, porque todos los lotes ya estaban ocupados.

Esas intuitivas y deliberadas aproximaciones, no tuviesen nada de extraño, porque en polí­tica cualquier aspiración es generosa y razonable; pero lo que llama la atención es que varios de los espontáneos ya han comenzado a distribuir los huesos que, se presume, roerán a partir de la toma de posesión de los candidatos a la Presi y la Vice de la Repu, siempre y cuando triunfe la UNE y que tanto el Dr. Espada como don ílvaro estén dispuesto a darles una tajadita del pastel burocrático.

Porque no hay peor lucha que la que no se hace, juran los colochos colaboradores gratuitos

Q-Mi amiga Mayra tuvo la gentileza de enviarme un e-mail en el que cuenta la hipotética aventura que protagonizó hace poco.

Una madrugada vení­a por la autopista Palí­n-Escuintla y, como era de prever, su destartalado Toyotí­a 1000, de modelo no me acuerdo, se quedó en la cuesta. Se estacionó en la orilla, en espera de ayuda, cuando pasó un Mercedes Benz Comprensor 720 a 190 km/h. Pero el piloto vio a Mayra y retrocedió, para prestarle auxilio.

Ofreció remolcar el Toyotí­a. Mi amiga le pidió al joven automovilista que no corriera mucho, por obvias razones. Convinieron en que ella iba a hacer cambio de luces cuando el Mercedes fuera muy de prisa. Comenzó la marcha, y siempre que al muchacho le pesaba el caite Mayra le hací­a cambio de luces.

En eso aparece un Porsche Carrera GT, cuyo piloto reta al otro joven, que no se deja apantallar y acelera a 150, 190, 210, 240, 260 km/h. Mayra estaba que se orinaba y otra cosa más, porque aunque hací­a cambio de luces con el único silví­n que contaba el Toyotí­a, el Mercedes no disminuí­a la velocidad.

Cuando pasaron por un puesto de policí­a de tránsito, uno de los agentes ?según lo supo después mi amiga? avisó por radio a la patrulla siguiente: ¡Atención! ¡Atención! Dos tipos, uno, en un Mercedes Gris Plata Comprensor, y el otro, en un Porsche Carrera GT Negro, disputan una carrera a más de 270 km/h en la autopista, y pú.. $, muchá, juro por mi suegra y la madre de todos los candidatos, que atrás de ellos, pegadito al Mercedes, va un Toyotí­a mil ¡haciéndole cambio de luces, para que lo dejen pasar!