D- Como dijera el filántropo y astrónomo Renhé Leyba Petatiú, en este país de la eterna suceden hechos antes de que ocurran los sucesos más importantes. En otras palabras, no faltan quienes quieren repartirse el cuero y la carne antes de haber destazado la vaca. En este caso, una ternera electoral.
Según las malas lenguas, que para el susodicho filósofo de Gerona y sus alrededores no deberían ponerse en duda, grupos de personas de indistintas profesiones universitarias y otra clase de individuos que carecen de credenciales académicas, han comenzado a pretender integrarse alrededor del candidato vicepresidencial Rafael Espada, de la Unidad Nacional de la Esperanza, en búsqueda de espacios, para contribuir a mejorar las condiciones socioeconómicas de Guatemala, y, si fuese lejanamente posible, sus personales necesidades de la misma naturaleza. Al parecer, esos pequeños pero activos grupos llegaron tarde a los terrenos del presidenciable ílvaro Colom, porque todos los lotes ya estaban ocupados.
Esas intuitivas y deliberadas aproximaciones, no tuviesen nada de extraño, porque en política cualquier aspiración es generosa y razonable; pero lo que llama la atención es que varios de los espontáneos ya han comenzado a distribuir los huesos que, se presume, roerán a partir de la toma de posesión de los candidatos a la Presi y la Vice de la Repu, siempre y cuando triunfe la UNE y que tanto el Dr. Espada como don ílvaro estén dispuesto a darles una tajadita del pastel burocrático.
Porque no hay peor lucha que la que no se hace, juran los colochos colaboradores gratuitos
Q-Mi amiga Mayra tuvo la gentileza de enviarme un e-mail en el que cuenta la hipotética aventura que protagonizó hace poco.
Una madrugada venía por la autopista Palín-Escuintla y, como era de prever, su destartalado Toyotía 1000, de modelo no me acuerdo, se quedó en la cuesta. Se estacionó en la orilla, en espera de ayuda, cuando pasó un Mercedes Benz Comprensor 720 a 190 km/h. Pero el piloto vio a Mayra y retrocedió, para prestarle auxilio.
Ofreció remolcar el Toyotía. Mi amiga le pidió al joven automovilista que no corriera mucho, por obvias razones. Convinieron en que ella iba a hacer cambio de luces cuando el Mercedes fuera muy de prisa. Comenzó la marcha, y siempre que al muchacho le pesaba el caite Mayra le hacía cambio de luces.
En eso aparece un Porsche Carrera GT, cuyo piloto reta al otro joven, que no se deja apantallar y acelera a 150, 190, 210, 240, 260 km/h. Mayra estaba que se orinaba y otra cosa más, porque aunque hacía cambio de luces con el único silvín que contaba el Toyotía, el Mercedes no disminuía la velocidad.
Cuando pasaron por un puesto de policía de tránsito, uno de los agentes ?según lo supo después mi amiga? avisó por radio a la patrulla siguiente: ¡Atención! ¡Atención! Dos tipos, uno, en un Mercedes Gris Plata Comprensor, y el otro, en un Porsche Carrera GT Negro, disputan una carrera a más de 270 km/h en la autopista, y pú.. $, muchá, juro por mi suegra y la madre de todos los candidatos, que atrás de ellos, pegadito al Mercedes, va un Toyotía mil ¡haciéndole cambio de luces, para que lo dejen pasar!